# *Jáuregui y la carrera por el fuero*
El regreso de César Jáuregui a la vida pública no parece responder a un simple interés por “seguir trabajando por Chihuahua”, como aseguró en el video difundido el pasado viernes en su cuenta de X. Su aparición deja la impresión de una carrera contra el tiempo.
No dijo qué busca, pero en política los silencios suelen decir más que los discursos. Y el silencio de Jáuregui parece esconder una urgencia: encontrar un espacio de representación popular que le otorgue el fuero constitucional.
Después de su salida de la Fiscalía General del Estado, en medio del escándalo por el caso del narcolaboratorio de El Pinal y la polémica por la presunta participación de agentes estadounidenses, su imagen quedó marcada por un episodio que todavía genera repercusiones políticas. Lejos de desaparecer del escenario, decidió regresar justo cuando comienzan a moverse las piezas rumbo al 2027.
La pregunta es inevitable: ¿por qué tanta prisa?
Dentro del PAN existe conciencia de que una eventual candidatura de César Jáuregui a la alcaldía de Chihuahua sería una apuesta de alto riesgo. No solamente por el desgaste político acumulado, sino porque durante toda la campaña cargaría con el peso del escándalo que sacudió a la administración estatal y colocó a Chihuahua en la conversación nacional sobre seguridad e injerencia extranjera.
Pero hay una lectura aún más delicada.
Cada vez son más las voces que interpretan su reaparición como un intento de asegurar una diputación, aunque sea local, para obtener el fuero constitucional. No por vocación legislativa, sino como un mecanismo de protección política frente a un escenario incierto.
No es un secreto que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha mantenido un discurso firme contra cualquier forma de intervención extranjera en territorio nacional y ha convertido el tema de la soberanía en uno de los ejes de su narrativa política. Cada referencia a operaciones de agencias estadounidenses es utilizada para reforzar el mensaje de que México no permitirá acciones unilaterales.
En ese contexto, el caso que envolvió a César Jáuregui adquiere una dimensión distinta. Ya no es solamente un asunto estatal; se inserta en una narrativa nacional impulsada desde Palacio Nacional. Y cuando un tema llega a las conferencias matutinas y se convierte en bandera política del gobierno federal, sus consecuencias suelen trascender el debate mediático.
Por ello, la percepción de que Jáuregui busca un cargo con fuero cobra fuerza en distintos círculos políticos. Se trata de una interpretación que, aunque no ha sido acreditada como un hecho, alimenta la discusión sobre sus verdaderas motivaciones para volver a escena.
Lo cierto es que su regreso incomodó al PAN.
Movió el tablero de la sucesión municipal, alteró los cálculos internos y obligó a replantear estrategias. Porque una candidatura de Jáuregui no solo implicaría defender un proyecto político, sino cargar con un expediente que la oposición utilizaría todos los días y que el oficialismo federal difícilmente dejaría pasar.
El PAN enfrenta un dilema complejo: premiar la trayectoria de un operador político experimentado o proteger uno de sus principales bastiones evitando un candidato altamente vulnerable.
Paradójicamente, quien durante años fue uno de los hombres más influyentes del panismo chihuahuense hoy podría convertirse en su mayor pasivo electoral.
Porque la política también se mueve por símbolos. Y la imagen que proyecta César Jáuregui al reaparecer no es la de un político fortalecido que busca servir desde una nueva trinchera, sino la de un personaje que parece correr contrarreloj para encontrar refugio en el fuero antes de que el vendaval político y jurídico termine por alcanzarlo.
Si esa percepción se instala en la opinión pública, el verdadero problema para el PAN no será defender a César Jáuregui. Será convencer a los ciudadanos de que su candidatura responde a un proyecto para Chihuahua y no a una estrategia de supervivencia política.






