¿Y AHORA QUÉ?… ¿CÉSAR DUARTE TENDRÁ QUE SER LIBERADO?
Por Eduardo Arredondo
¡Vaya giro!
Después de años de acusaciones, expedientes, órdenes de aprehensión, extradición, discursos de justicia y toneladas de tinta sobre el caso de César Duarte Jáquez, ahora resulta que la letra chiquita del tratado puede convertirse en la protagonista.
Y aquí viene la pregunta que seguramente incomoda a más de uno en Chihuahua:
¿Y si al final las reglas obligan a dejarlo en libertad?
Calma.
No estamos diciendo que mañana se abran las puertas del penal y Duarte salga caminando con una maleta bajo el brazo.
Pero tampoco podemos ignorar lo que está analizando la Suprema Corte.
Porque una cosa es querer castigar a alguien y otra muy distinta es poder hacerlo legalmente.
¡SORPRESA! LA LEY TAMBIÉN TIENE LETRA CHIQUITA
El Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos tiene una regla conocida como principio de especialidad.
En cristiano:
Si Estados Unidos entrega a una persona para enfrentar determinados delitos, México no puede decir después:
“Bueno… ya que está aquí, vamos a agregarle otros cuantos”.
No funciona así.
O al menos no debería.
La Primera Sala de la Suprema Corte ya estableció en el Amparo en Revisión 536/2019 que el consentimiento del Estado requerido no puede ser un simple:
“Sí, adelante, hagan lo que quieran”.
Tiene que respetarse el derecho de defensa.
Y ahí es donde el expediente Duarte vuelve a calentarse.
EL PROBLEMA ES QUE LA JUSTICIA NO SE MANEJA CON VENGANZA
Durante años escuchamos:
“¡Duarte tiene que pagar!”
Muy bien.
Pero ahora viene la parte menos emocionante:
Tiene que pagar conforme a la ley.
Porque si el Estado se equivoca en el procedimiento, si procesa por delitos que no corresponden a la extradición o si pretende brincar las garantías constitucionales, el problema ya no es solamente Duarte.
El problema es el propio Estado.
Y eso sí sería bastante incómodo.
¿LIBERAR A DUARTE?
Aquí está la bomba.
Si los tribunales determinan que determinados cargos no pueden sostenerse jurídicamente bajo las condiciones de su extradición y no existe otra base legal para mantenerlo privado de la libertad, podrían generarse consecuencias que incluso lleguen a su liberación.
Pero ojo:
Eso no significa que la Suprema Corte ya haya ordenado liberarlo.
Tampoco significa que automáticamente vaya a quedar libre.
Significa que el caso está obligado a pasar por el filtro constitucional.
Y ese filtro, aunque a algunos no les guste, también existe para los personajes incómodos.
¡QUÉ COSAS TIENE LA LEY!
Imagínese usted.
Tantos años hablando de Duarte.
Tantas investigaciones.
Tantos discursos.
Tantas promesas de justicia.
Y ahora puede resultar que el protagonista de la historia no sea un expediente político…
sino un artículo de un tratado internacional.
La ironía es tremenda.
Porque cuando se persigue a alguien con toda la fuerza del Estado, hay que asegurarse de que esa fuerza esté correctamente dirigida.
De lo contrario, puede suceder lo impensable:
que la estrategia jurídica termine ayudando al mismo personaje que pretendía hundir.
Y AQUÍ VIENE LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE CONTESTAR
Si Duarte queda libre por una falla jurídica, ¿será culpa de la Corte?
¿Del tratado?
¿De los fiscales?
¿De los jueces?
¿De quienes integraron mal las acusaciones?
¿O de quienes durante años estuvieron más preocupados por ganar políticamente el caso que por construirlo jurídicamente?
Ahí está la verdadera pregunta.
Porque encarcelar a alguien mediante un proceso sólido es justicia.
Pero perder un caso por no respetar las reglas…
eso ya es otra historia.
DUARTE PODRÍA TERMINAR CONVIRTIÉNDOSE EN SU PROPIO CASO EMBLEMÁTICO
El exgobernador llegó a México extraditado.
Ahora su defensa pelea en tribunales.
Y la Suprema Corte analiza un asunto que puede tener consecuencias mucho más amplias que el propio expediente.
La paradoja sería monumental:
el hombre que durante años fue presentado como símbolo de corrupción podría terminar convertido en símbolo de una discusión constitucional sobre los límites del poder del Estado.
Así es la política.
Así es el derecho.
Y así son las vueltas de la vida:
hoy puedes tener al acusado contra las cuerdas… y mañana descubrir que las cuerdas las pusiste tú.
Por eso, antes de celebrar una posible liberación o exigirla, habrá que esperar la resolución correspondiente.
Porque una cosa sí debe quedar clara:
César Duarte no necesita que la política lo declare culpable o inocente.
Necesita que los tribunales determinen, conforme a derecho, qué procede.
Y si la ley dice que debe salir…
pues habrá que abrir la puerta.
Aunque a más de uno en Chihuahua se le atragante el café.
— Eduardo Arredondo







