Chihuahua baja… pero sigue arriba
Por Eduardo Arredondo
Los números tienen una virtud incómoda: no militan, no hacen campaña y tampoco aplauden discursos.
Chihuahua apareció nuevamente entre los estados con más homicidios del país. Tercer lugar nacional. Quinientas noventa víctimas entre enero y mayo de 2026. Detrás de Guanajuato y Baja California. El dato es duro y no admite maquillaje.
Sí, hay una reducción del 19.3 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Sí, el promedio diario bajó. Sí, el Gobierno Federal presume que México registra el mayo con menos homicidios en doce años. Todo eso es cierto.
Pero también es cierto que cuando un estado aparece en el podio nacional de la violencia, nadie debería salir a celebrar.
Porque en seguridad pública existe una diferencia enorme entre mejorar… y resolver.
La narrativa oficial insiste en que la Estrategia Nacional de Seguridad está dando resultados. Menos secuestros, menos robo con violencia, menos delitos de alto impacto. Y si los datos nacionales sostienen esa tendencia, hay que reconocerlo.
Sin embargo, Chihuahua sigue cargando una realidad que no cabe en una conferencia mañanera.
Reducir homicidios y continuar entre los más violentos del país significa que el problema sigue siendo estructural.
No alcanza con decir que antes estábamos peor.
Para una familia que perdió a un hijo, una madre que espera justicia o una colonia que normalizó escuchar disparos, el porcentaje de reducción importa menos que la ausencia que quedó en casa.
La pregunta incómoda sigue sobre la mesa:
¿Quién está ganando realmente esta batalla?
Porque mientras las estadísticas bajan, la percepción ciudadana no siempre acompaña. La gente no mide seguridad con gráficas; la mide cuando puede salir tranquilo, abrir un negocio sin miedo o regresar de noche sin pensar dos veces.
Chihuahua necesita algo más que informes alentadores.
Necesita resultados que se sientan.
Porque una reducción merece reconocimiento.
Pero seguir en el tercer lugar nacional obliga, por lo menos, a mantener los pies en la tierra.
Menos homicidios no significa todavía más paz.







