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“Y no aparecieron los pañuelitos blancos”
Cuando el poder elige a la gente y no al espectáculo.
Por: Raúl Sabido.
El berrinche:
Se quedaron esperando el espectáculo que nunca llegó. Soñaban con la escena de la rechifla, los pañuelos al aire y la mandataria sometiéndose al ritual de las élites. Imaginaban a los comentaristas afilando la burla con su sonrisa hipócrita, a los mismos de siempre agitando sus pañuelitos blancos para repetir, una vez más, que el poder solo vale si se arrodilla ante sus símbolos. Pero no ocurrió. Y justamente eso fue lo que más les dolió.
Hay que ser ingenuo para no entenderlo: saber quiénes pueden pagar un boleto para un mundial se conoce perfectamente qué segmento minoritario no está con ella. El estadio estaba a reventar, pero la mayoría no fue a desplegar pañuelos ni a montar un circo político; fue a disfrutar del fútbol. Tienen con qué hacerlo y lo hacen con justo derecho, sin prestarse al juego cínico de un dolido con el fisco.
> El enojo y la frustración:
Los pañuelitos blancos.
Porque aquí nunca estuvo en juego un partido, un torneo ni una cortesía de protocolo. Lo que estaba en disputa era algo más profundo: la idea misma de poder. De un lado, el poder entendido como privilegio, exclusividad, palco, acceso restringido y reverencia social. Del otro, el poder como responsabilidad, cercanía y decisión política. Y cuando una mujer elige lo segundo, por el enojo de ciertos sectores machistas y adoloridos por las palizas acomodadas, ya no cabe en la crítica: se convierte en resentimiento.
Eso explica la histeria mediática, el sarcasmo prefabricado, la burla en serie y esa necesidad casi infantil de presentar una ausencia como cobardía. No soportan que la figura presidencial no se someta al guion que ellos escribieron. Les incomoda una autoridad que no mendiga aprobación, que no confunde popularidad con legitimidad y que no necesita desfilar por la alfombra del prestigio para confirmar que manda. En el fondo, no cuestionan una decisión: lamentan la pérdida del viejo monopolio de la burla y el capricho.
> Lo que no salió, y lo que si nació:
La escena terminó siendo reveladora porque los pañuelitos blancos nunca aparecieron y no necesitaban la presencia de la presidenta Sheinbaum, pero sí apareció algo más elocuente, el berrinche de una élite herida hasta en lo más profundo de su orgullo. Quisieron vender desdén y terminaron exhibiendo dependencia; quisieron hablar de debilidad y terminaron retratando su propia ansiedad ante un liderazgo que no les pertenece. A veces, la mayor bofetada política no es asistir al espectáculo, sino dejar muy en claro que el espectáculo ya no decide el rumbo del poder.
Los votos abundantes estaban afuera, donde estaba la presidenta y en el FanFest.
¡¡¡ Lástima Margaritos ¡¡¡
Y, sin embargo, algo sí pasó, y fue trascendente: nació “La perrita de Trump”.







