Controversial …
> La complicidad disfrazada de estrategia
“Lo busco, lo busco y no lo busco”
Por: Raúl Sabido.
> La doble vara en el combate a las drogas:
Durante décadas, Estados Unidos ha exigido a México un combate frontal contra el narcotráfico: más decomisos, más capturas de capos, más despliegue militar en las calles. Washington ha señalado una y otra vez que la responsabilidad de frenar el flujo de drogas hacia su territorio recae en las autoridades mexicanas.
Sin embargo, lo que pocas veces se reconoce es que Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas del mundo, un mercado insaciable que alimenta la producción y el tráfico. Ese consumo masivo sostiene la cadena criminal y sus recursos ilícitos son lavados en el propio sistema financiero estadounidense, con bancos y mecanismos de inversión señalados en múltiples investigaciones.
Mientras se exige a México que arriesgue vidas en un combate desigual, en Estados Unidos las instituciones encargadas de proteger a sus ciudadanos, como la DEA, han demostrado omisiones graves, permitiendo el ingreso de cargamentos multimillonarios de fentanilo bajo el pretexto de “armar un caso más grande”.
La contradicción es evidente cuando se exige a México lo que no se cumple en casa. Se demanda un combate real contra las drogas, pero se tolera que el veneno circule libremente en el mercado interno, sin freno ni consecuencias para la cadena de suministro. Y cuando la omisión proviene de la propia agencia antidrogas, la línea entre negligencia y complicidad se vuelve imposible de ignorar.
> El veneno tolerado en las calles:
Estados Unidos enfrenta una crisis de salud pública sin precedentes. El fentanilo, un opioide sintético capaz de matar con micro dosis, se ha convertido en la principal causa de muertes por sobredosis. Las cifras son devastadoras donde comunidades enteras viven en duelo permanente, y estados como Nuevo México han visto cómo las muertes aumentan mientras otros estados de la Unión Americana reportan descensos.
> La denuncia de la gobernadora de Nuevo México:
Y es precisamente ahí en este contexto, donde sale a la luz pública la acusación de la gobernadora Michelle Lujan Grisham, demócrata de Nuevo México, contra la DEA, y que no es un gesto político aislado, es un golpe directo a la credibilidad de las instituciones encargadas de proteger a la ciudadanía. Según una investigación de la Associated Press, agentes federales monitorearon cargamentos multimillonarios de fentanilo entre 2023 y 2025, pero decidieron no incautarlos con el argumento de “armar un caso más grande”. La gobernadora lo calificó de “repugnante y despreciable”. Y con razón porque lo grande del caso ya estaba frente a sus ojos, después de esos cargamentos de fentanilo tolerados no ha habido nada más grande detectado. Ni un caso menos grande siquiera.
> De la ingenuidad a la complicidad:
Pensar que dejar circular cientos de miles de pastillas era una táctica de inteligencia es, en el mejor de los casos, ingenuo; en el peor, una muestra de complicidad institucional. Cada cargamento que “se dejó pasar” recorrió fronteras, carreteras y retenes, sorteó autoridades y terminó en manos de dilleros que compraron, distribuidores que vendieron y consumidores que murieron. No es un error operativo, es una cadena de omisiones que termina pareciendo sociedad con el crimen dentro de los mismos Estados Unidos.
> La narrativa oficial se derrumba:
La versión de “construir casos más grandes” se desmorona sola. ¿Qué caso más grande puede haber que el de un cargamento multimillonario de fentanilo que atraviesa fronteras y termina en el mercado de menudeo matando estadounidenses? La magnitud del crimen ya estaba descubierta. Lo que faltó fue voluntad de detenerlo. Y cuando la voluntad falta, lo que queda es complicidad.
> Implicaciones políticas y sociales:
* Responsabilidad institucional: La DEA debe rendir cuentas, no solo a la gobernadora de Nuevo México, sino al país entero. Crisis de salud pública: Cada omisión se traduce en muertes evitables. Estrategia fallida: La “guerra contra las drogas” se ha convertido en un ritual burocrático que protege más a las instituciones gringas que a los ciudadanos. Dimensión política: Lujan Grisham busca llevar el reclamo al Congreso y a la Casa Blanca, tensando las relaciones entre gobiernos estatales y federal.
> El eco de Rápido y Furioso:
La historia se repite, el método es repetitivo, primero fueron las armas de “Rápido y Furioso”, ahora son las pastillas de fentanilo. En ambos casos, el gobierno estadounidense jugó con fuego y dejó que el crimen avanzara con la promesa de un “caso más grande”. Pero lo grande del caso ya estaba frente a ellos con enormes cargamentos que cruzaron fronteras, autoridades que miraron hacia otro lado, distribuidores que hicieron negocios y familias que hoy lloran a sus muertos.
> De guardianes a socios del crimen:
No es ingenio, es complicidad. No es estrategia, es sociedad con el crimen. Cuando la DEA descubre y no actúa, se convierte en parte del problema. Y cuando las instituciones que deberían proteger a los ciudadanos se vuelven cómplices, la ciudadanía queda indefensa en ambos lados del Río Bravo.
El fentanilo no solo cruzó carreteras y retenes, cruzó la frontera de la confianza pública. Y esa traición, como la de “Rápido y Furioso”, debe ser denunciada sin descanso, porque lo que está en juego no es un expediente judicial, sino la vida misma de una nación.
Lo ocurrido con Rápido y Furioso y en el Estado de Nuevo México y la DEA no es coincidencia, es MÉTODO.
Rápido y Furioso armó a los carteles mexicanos. El fentanilo en Nuevo México mató a estadounidenses.







