Chihuahua: Entre el fuego de la CIA y el silencio de Maru.
Lo que prometía ser un lunes de transición tersa hacia la institucionalidad republicana terminó por convertirse en el sexto asalto de una pelea de pesos pesados que Chihuahua parece estar perdiendo por nocaut técnico. La tregua del fin de semana fue un espejismo; la realidad es que la presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido convertir la presencia de la CIA en la Sierra Tarahumara en el eje central de su narrativa de soberanía nacional, y el Gobierno del Estado no encuentra el paraguas para detener la tormenta.
¿Ignorancia o Complicidad?
La presidenta fue letal en la “mañanera”. Ya no hubo generalidades ni diplomacia de micrófono. Sheinbaum puso nombres y apellidos sobre la mesa: Gilberto Loya o César Jáuregui. Alguien abrió la puerta. Alguien permitió que agentes extranjeros operaran en el municipio de Morelos, en una incursión que terminó en tragedia con la muerte de dos agentes estadounidenses y dos elementos de la fiscalía local.
La pregunta que flota en el aire gélido de Chihuahua es: ¿A cambio de qué se entregó la soberanía de los caminos de la sierra? Si Loya y Jáuregui sabían, son cómplices de una violación constitucional; si no sabían, son incompetentes que no controlan el territorio que juraron proteger. En ambos escenarios, la posición del gabinete de seguridad es insostenible.
El aroma a renuncia en la Fiscalía
Mientras el escándalo escala a niveles de prensa internacional, los pasillos de la Fiscalía General del Estado huelen a despedida. La ausencia prolongada de César Jáuregui de su despacho no es una coincidencia, es un síntoma. En política, los vacíos de poder se llenan con rumores, y el silencio de la gobernadora Maru Campos ayer fue el mensaje más fuerte de todos.
Cuando se le cuestionó sobre la salida de su brazo derecho, la mandataria optó por el “no opinaré”. Para los allegados a Jáuregui, que esperaban un espaldarazo o un desmentido tajante, ese silencio fue una sentencia. Maru Campos parece estar aplicando la máxima de la política pragmática: cuando el barco se hunde, hay que soltar lastre para mantener la flotabilidad.
La Torre Centinela: ¿Búnker o caballo de Troya?
Por otro lado, Gilberto Loya intentó ayer un control de daños que resultó, por decir lo menos, insuficiente. Justificar la presencia de agentes extranjeros bajo el amparo de “protocolos de seguridad fronteriza” y la “colaboración legal” es una verdad a medias que suena a excusa.
Loya admitió que las autoridades norteamericanas tienen un piso asignado en la Torre Centinela. Lo que se vendió como la panacea tecnológica para la seguridad de los chihuahuenses hoy se percibe como una sucursal de agencias externas. ¿Es la Torre Centinela un centro de mando estatal o un centro de operaciones foráneas operando sin supervisión federal?
Cita con la Historia (y el Senado)
La gobernadora tiene una cita este martes con las comisiones de Puntos Constitucionales y de Seguridad Pública en el Senado. Aunque su oficina de comunicación social juega al despiste y no confirma la asistencia, la presión es máxima. Ir al Senado significa someterse al escrutinio de una 4T que tiene la sangre en el ojo; no ir, significaría aceptar la culpa por omisión.
Chihuahua no está ante un simple problema de nota roja. Estamos ante una crisis de Estado donde la soberanía, la transparencia y la permanencia de los altos mandos están en juego. El “inicio de semana terso” se convirtió en un campo de batalla político donde la administración estatal parece estar operando con un mapa que ya nadie reconoce.
La pregunta queda en el aire: ¿Cuántas cabezas rodarán antes de que la Presidenta decida que el tema de la CIA en Chihuahua ha sido agotado?






