“NO TIENEN PERMISO DE ENTRAR”: RARÁMURI PONEN EN JAQUE A LA EXPO OVERLAND 360
Huitosachi, Bacajípare y Mogótavo cuestionan al Gobierno y a los organizadores: ¿QUIÉN AUTORIZÓ EL INGRESO A SUS TERRITORIOS?
BARRANCAS DEL COBRE, CHIHUAHUA.— El conflicto ya está sobre la mesa y la pregunta es incómoda: ¿quién está autorizando actividades turísticas en territorios donde comunidades rarámuri aseguran no haber dado su consentimiento?
Las comunidades de Huitosachi, Bacajípare y Mogótavo rechazaron la realización de la Expo Overland 360 Barrancas del Cobre, programada del 18 al 21 de septiembre, y lanzaron una advertencia contundente:
“NO TIENEN PERMISO DE ENTRAR”.
El señalamiento coloca bajo presión a los organizadores y, particularmente, a las autoridades que promocionan o respaldan el evento.
Porque si existen permisos, que los enseñen.
Y si hubo acuerdos con las comunidades, que los hagan públicos.
Y si hubo consulta, que expliquen cuándo, cómo y con quién se realizó.
No debería ser complicado demostrarlo.
LA PREGUNTA QUE NADIE PUEDE ESQUIVAR
El evento contempla actividades de aventura con vehículos todoterreno, razers, motocicletas y otras unidades.
Las comunidades denuncian que este tipo de circulación puede provocar ruido, basura, deterioro de caminos y veredas, erosión y compactación del suelo, además de posibles afectaciones a cuerpos de agua, flora y fauna.
Ojo: estos impactos son señalamientos de las comunidades y no deben presentarse como daños ambientalmente comprobados sin inspecciones, estudios o dictámenes oficiales.
Pero precisamente por eso surge otra pregunta:
¿Dónde están los estudios y las medidas de protección ambiental que justificarían la realización del evento?
Porque promover turismo en la Sierra Tarahumara no puede reducirse a poner vehículos, abrir rutas y vender una experiencia de aventura.
¿TURISMO PARA QUIÉN?
La Sierra Tarahumara no es un territorio vacío.
Ahí viven comunidades rarámuri que reclaman ser escuchadas cuando actividades externas pueden afectar los espacios que habitan y utilizan.
Por eso el reclamo de Huitosachi, Bacajípare y Mogótavo no debe despacharse como una simple inconformidad.
Es una exigencia de información, participación y respeto a sus derechos.
Y las autoridades tienen la obligación de responder con documentos, no únicamente con boletines promocionales.
¿QUIÉN AUTORIZÓ LAS RUTAS?
¿QUÉ PERMISOS TIENEN LOS ORGANIZADORES?
¿QUÉ COMUNIDADES FUERON CONSULTADAS?
¿QUÉ MEDIDAS AMBIENTALES FUERON ESTABLECIDAS?
¿QUÉ PASARÁ SI UNA COMUNIDAD DICE QUE NO?
Esas son las preguntas que deberían contestarse antes de que los motores comiencen a rugir en la Sierra.
LA SIERRA NO PUEDE SER TRATADA COMO PISTA PRIVADA
El turismo es importante para Chihuahua. Nadie discute su valor económico.
Lo que sí está en discusión es el modelo de turismo.
Una cosa es llevar visitantes para conocer la riqueza natural y cultural de la Sierra.
Otra muy distinta es permitir actividades de alto impacto sin que exista absoluta claridad sobre permisos, rutas, condiciones ambientales y participación comunitaria.
Y aquí está el punto central:
si todo está en regla, que se demuestre.
Porque cuando una comunidad afirma públicamente “no tienen permiso de entrar”, la respuesta institucional no puede ser el silencio.
Tiene que ser documental.
QUE HABLEN LOS PAPELES
La controversia ya no debería resolverse con declaraciones cruzadas.
Los organizadores y las autoridades tienen una oportunidad muy sencilla de despejar las dudas: mostrar los permisos, las autorizaciones, las rutas y los acuerdos correspondientes.
Mientras eso no ocurra, la pregunta seguirá creciendo:
¿SE ESTÁ ORGANIZANDO UN EVENTO TURÍSTICO EN LA SIERRA O SE ESTÁ PASANDO POR ENCIMA DE LAS COMUNIDADES QUE LA HABITAN?
Las Barrancas del Cobre pueden recibir turismo, sí.
Pero no a cualquier precio, no de cualquier manera y mucho menos ignorando la voz de sus comunidades.







