TRUMP LE LLAMA VICTORIA; EL MUNDO EMPIEZA A LLAMARLO FRACASO
Por Eduardo Arredondo Delgado
Donald Trump puede llamarlo victoria.
Puede decir que Estados Unidos derrotó a ISIS, que llegó la hora de regresar a casa y que Irak debe hacerse cargo de su propio destino.
Pero hay una realidad que resulta mucho más difícil de maquillar:
Estados Unidos se va y sus adversarios se quedan.
Ese es el dato que está dando la vuelta al mundo.
La retirada de las últimas tropas estadounidenses de Irak terminó oficialmente el 30 de septiembre. Washington la presenta como el cierre exitoso de una misión de 12 años contra ISIS.
Pero mientras Trump habla de triunfo, Irán y las milicias aliadas de Teherán celebran la salida estadounidense como una victoria estratégica.
Y eso cambia completamente la lectura.
Porque después de más de dos décadas de presencia militar estadounidense, miles de vidas perdidas y enormes costos económicos y políticos, Washington abandona Irak dejando detrás una pregunta brutal:
¿Quién ganó realmente?
Estados Unidos dice que derrotó a ISIS.
Irán puede responder que Estados Unidos se fue.
Las milicias respaldadas por Teherán pueden responder que ahora tienen más espacio.
Y los sectores preocupados por la seguridad iraquí pueden preguntar quién ocupará el vacío.
Reuters señala precisamente ese riesgo: expertos iraquíes advierten que la salida puede favorecer a las milicias vinculadas con Irán y abrir una oportunidad para que las células de ISIS intenten reorganizarse.
Ahí está la paradoja.
Washington declara terminada la guerra.
Pero sus adversarios celebran el retiro.
Y cuando tus adversarios festejan tu salida, difícilmente puedes esperar que el resto del mundo acepte sin cuestionamientos tu versión de la victoria.
No significa que ISIS haya recuperado el territorio que alguna vez controló. Tampoco significa que Irak esté condenado al caos.
Significa algo más sencillo y más incómodo:
la historia todavía no ha terminado.
El verdadero resultado se conocerá cuando se vea quién controla la seguridad iraquí, cuánto crecerá la influencia iraní y si ISIS permanece reducido o encuentra una nueva oportunidad.
La invasión estadounidense de 2003 prometió transformar Irak.
Veintitrés años después, Estados Unidos vuelve a salir.
Y esta vez sale dejando atrás un país que reclama soberanía, un Irán con enorme influencia, milicias armadas y temores sobre la capacidad de contener nuevamente al extremismo.
Trump quiere cerrar el capítulo con una palabra:
VICTORIA.
Pero el mundo observa otra palabra:
FRACASO.
Fracaso de una guerra que costó miles de vidas estadounidenses y dejó profundas heridas en Irak.
Fracaso de una estrategia que no consiguió convertir el enorme poder militar estadounidense en una influencia política permanente.
Y, sobre todo, fracaso si el adversario que Washington quería contener termina teniendo más espacio después de la retirada que antes de ella.
Porque una cosa es abandonar un país.
Otra muy distinta es salir dejando a tus adversarios celebrando.
Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en Irak.
Trump puede declarar la victoria.
La historia todavía está tomando nota.
Eduardo Arredondo Delgado







