LA UACH: CUANDO EL ALMA MATER PARECE HABERSE QUEDADO SIN ALMA
Por Eduardo Arredondo
Hay instituciones que envejecen con dignidad.
Hay otras que simplemente se deterioran.
Y luego está la Universidad Autónoma de Chihuahua, nuestra querida Alma Mater, que hoy parece empeñada en demostrarnos que una institución puede tener rector, oficinas, ceremonias, discursos, fotografías y hasta una cancha de basquetbol en el despacho principal…
y aun así parecer estar a la deriva.
No es poca cosa lo que está ocurriendo.
Mientras en los discursos oficiales seguramente todo marcha de maravilla, en los pasillos universitarios la realidad parece contar otra historia.
Estudiantes reclamando.
Facultades con carencias.
Salones sin equipo suficiente.
Problemas de iluminación y climatización.
Quejas por falta de docentes.
Instalaciones que requieren mantenimiento.
Y un Campus Uno que continúa arrastrando problemas relacionados con el suministro eléctrico.
Pero tranquilos.
Porque, aparentemente, la universidad puede sobrevivir sin algunas cosas básicas.
Lo que no puede faltar es la fotografía institucional.
EL RECTOR Y LA CANCHA DE LOS SUEÑOS
Aquí viene una de esas historias que parecen inventadas por un columnista con demasiado sentido del humor.
Resulta que, en medio de las dificultades que enfrenta la universidad, se ha cuestionado la existencia de una cancha de basquetbol dentro del despacho del rector Luis Rivera Campos.
Sí.
Leyó usted bien.
Mientras algunos estudiantes reclaman condiciones dignas para tomar clases, el despacho rectoral puede convertirse en escenario para tirar la bola.
¡Qué lujo!
Quizá la próxima remodelación incluya una alberca.
Después de todo, si faltan recursos para los salones, habrá que mantener entretenida a la alta burocracia universitaria.
Y no se trata de cuestionar que al rector le guste el deporte.
Faltaba más.
El problema es el mensaje.
Porque cuando una universidad tiene necesidades básicas sin resolver, cualquier privilegio o extravagancia en la oficina principal termina convirtiéndose en símbolo.
Y el símbolo no ayuda precisamente.
MIENTRAS UNOS ESTUDIAN, OTROS VIAJAN
También existen cuestionamientos sobre los viajes y la afición del rector por asistir a eventos deportivos.
Futbol americano.
Beisbol.
Basquetbol.
Estados Unidos.
Fotografías.
Amigos.
Estadios.
Mientras tanto, en Chihuahua, estudiantes preguntándose si tendrán maestro, luz, agua o condiciones adecuadas para tomar clases.
Aquí es donde la administración debería explicar.
No esconderse.
No molestarse.
Explicar.
¿Cuánto se gasta?
¿Quién paga?
¿Son viajes oficiales?
¿Son personales?
¿Quién los acompaña?
¿Y qué resultados concretos obtiene la Universidad?
Porque cuando el dinero es público, las preguntas también son públicas.
LA UNIVERSIDAD NO ES UN CLUB SOCIAL
Ese es precisamente el problema de fondo.
Una universidad pública no puede administrarse como si fuera un club privado.
El rector no fue elegido para convertirse en el personaje principal de una colección de fotografías.
Fue colocado al frente de una institución que tiene responsabilidades académicas, administrativas y sociales enormes.
Y esas responsabilidades no se resuelven con discursos.
Se resuelven con presupuesto.
Con planeación.
Con mantenimiento.
Con maestros.
Con laboratorios.
Con infraestructura.
Con transparencia.
Y, sobre todo, con presencia.
Porque si los estudiantes tienen que protestar para conseguir lo básico, algo está fallando.
Y si la respuesta de la autoridad es el silencio, entonces el problema deja de ser solamente administrativo.
Se convierte en político.
EL FANTASMA DE LUIS FIERRO
Y aquí aparece otro asunto incómodo.
La administración de Luis Rivera Campos no puede desligarse completamente del desgaste acumulado durante los últimos años.
El nombre de Luis Fierro, su antecesor, todavía aparece relacionado con investigaciones y señalamientos sobre presuntas irregularidades financieras.
Eso no significa culpabilidad.
Las responsabilidades deben determinarse en tribunales y conforme a derecho.
Pero políticamente el antecedente pesa.
Y pesa mucho.
Porque una universidad que viene de una administración cuestionada necesita demostrar, desde el primer día, que aprendió la lección.
Necesita transparencia absoluta.
Necesita cuentas claras.
Necesita distancia de cualquier práctica que pueda generar sospechas.
Y sobre todo necesita demostrar que la historia no se está repitiendo.
ABRIR CARRERAS NO ES HACER UNIVERSIDAD
Otra pregunta incómoda:
¿De qué sirve anunciar nuevas carreras si no existen suficientes maestros, laboratorios, infraestructura o presupuesto para sostenerlas?
Una universidad seria no abre programas académicos como quien abre sucursales de una tienda.
Primero se estudia la demanda.
Después la factibilidad.
Luego los recursos.
Y finalmente se ejecuta.
Porque los estudiantes no son estadísticas.
No son números para presumir crecimiento.
Son jóvenes que están poniendo años de su vida y recursos de sus familias en manos de una institución.
Experimentar con su futuro sería imperdonable.
¿Y LOS ESTUDIANTES?
Aquí está el verdadero centro del problema.
No el rector.
No los funcionarios.
No las fotografías.
No los viajes.
No la cancha.
Los estudiantes.
Ellos son la razón de existir de la Universidad Autónoma de Chihuahua.
Y si un joven llega a un salón sin maestro, a un laboratorio sin equipo o a una facultad con servicios deficientes, no necesita que le expliquen que la universidad tiene un presupuesto complicado.
Necesita una solución.
Punto.
LA UACH NO NECESITA MÁS FOTOGRAFÍAS
Necesita liderazgo.
Necesita autoridad.
Necesita que el rector salga de su oficina.
Que camine por las facultades.
Que escuche a los estudiantes.
Que se siente con los maestros.
Que revise los laboratorios.
Que vea las instalaciones.
Que enfrente las protestas.
Que dé la cara.
Porque gobernar una universidad desde el escritorio es muy sencillo.
Gobernarla desde los problemas reales es otra cosa.
La UACH fue durante décadas uno de los grandes orgullos de Chihuahua.
Miles de profesionistas pasaron por sus aulas.
Miles encontraron ahí una oportunidad.
Miles de familias confiaron en ella.
Por eso duele verla envuelta en tantos cuestionamientos.
Y duele todavía más cuando quienes tienen la responsabilidad de corregir el rumbo parecen no entender la gravedad del momento.
La universidad todavía tiene remedio.
Pero necesita algo que parece escasear:
autocrítica.
Porque mientras el rector juega, viaja, inaugura o posa para la fotografía, hay estudiantes que solamente están pidiendo algo mucho más sencillo:
Una universidad que funcione.
Y quizá esa sea la pregunta que alguien debería llevarle hasta el despacho rectoral:







