Jaque Mate Político
El huachicol ya no pasa por Chihuahua… se queda en Chihuahua
Por Eduardo Arredondo
Durante años, Chihuahua fue visto como un estado de paso para el crimen organizado. Hoy, los datos revelan una realidad más inquietante: el huachicol dejó de ser únicamente una ruta de tránsito para convertirse en un negocio con operaciones instaladas dentro del territorio.
Las cifras que dio a conocer la Secretaría de Seguridad Pública del Estado no son menores. Más de 300 mil litros de hidrocarburo de procedencia ilegal asegurados, 11 pipas decomisadas y 33 vehículos vinculados a esta actividad hablan de una estructura logística que difícilmente puede operar sin una red de protección, financiamiento y distribución.
Los municipios señalados no son casualidad: Chihuahua capital, Ciudad Juárez, Aldama y Bachíniva conforman un corredor estratégico donde confluyen carreteras, actividad industrial, zonas agrícolas y conexiones fronterizas. Ahí es donde las autoridades han concentrado los mayores aseguramientos.
El decomiso de 60 mil litros en Chihuahua capital y otros 17 mil litros en Ciudad Juárez durante este mismo mes demuestra que el combustible robado sigue moviendo millones de pesos en el mercado ilegal.
La pregunta ya no es si existe huachicol en Chihuahua. Eso quedó demostrado. La verdadera pregunta es quién lo compra, quién lo transporta y quién permite que opere durante tanto tiempo antes de ser descubierto.
Porque un negocio de estas dimensiones no funciona únicamente con delincuentes armados. Requiere bodegas, transporte, clientes, inteligencia logística y, en muchas ocasiones, silencio institucional.
La coordinación entre la SSPE, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República ha permitido golpes importantes. Sin embargo, los decomisos también evidencian el tamaño del problema: si se aseguran cientos de miles de litros, es porque el volumen que logra escapar podría ser considerablemente mayor.
Y aquí aparece otro riesgo político. El combate al huachicol se convierte en un termómetro de credibilidad para cualquier gobierno. Cada operativo exitoso fortalece el discurso de combate a la delincuencia, pero cada red descubierta deja al descubierto que el fenómeno llevaba tiempo creciendo.
Chihuahua enfrenta un desafío que antes parecía exclusivo de entidades como Hidalgo, Puebla o Guanajuato. Hoy el robo y comercialización ilegal de combustibles ya forma parte del mapa criminal del estado.
La diferencia entre contener el problema o permitir que eche raíces dependerá de algo más que decomisos espectaculares. Se necesitarán investigaciones financieras, inteligencia patrimonial y procesos judiciales que lleguen hasta quienes financian el negocio, no únicamente hasta quienes conducen las pipas.
Porque en el tablero político y criminal, el huachicol nunca viaja solo. Detrás de cada litro robado siempre hay una cadena de intereses que, tarde o temprano, termina tocando puertas mucho más poderosas que las de una bodega clandestina.
En este juego de ajedrez, las pipas son apenas los peones. Los verdaderos reyes siguen moviéndose desde las sombras.







