Eduardo Arredondo
¿Y dónde quedó aquello de “voy a dar la cara”?
La política tiene memoria corta… pero las declaraciones quedan grabadas. Y hoy, en Chihuahua, la frase que comienza a perseguir a la gobernadora María Eugenia Campos Galván es precisamente aquella con la que intentó enviar un mensaje de firmeza: “Voy a dar la cara. No me escondo ni me esconderé”.
Sin embargo, la realidad terminó alcanzando al discurso.
Mientras crece la presión por las investigaciones federales, la mandataria decidió no acudir personalmente ante la Fiscalía General de la República en Ciudad Juárez y optó por viajar a la Ciudad de México para reunirse con abogados, operadores políticos y definir una estrategia jurídica que, según su equipo, buscará blindarla bajo el argumento del fuero constitucional.
Sí, legalmente puede hacerlo. Nadie discute eso.
Pero políticamente el costo comienza a sentirse.
Porque una cosa es tener derecho a una defensa jurídica y otra muy distinta es sostener un discurso de valentía pública mientras, en los hechos, se evita el cara a cara con la autoridad federal. Ahí es donde nace el cuestionamiento ciudadano y donde la narrativa oficial empieza a fracturarse.
En el Palacio de Gobierno insisten en que no existe negativa para colaborar con las investigaciones. El problema no es jurídico; el problema es de percepción. Y en política, muchas veces la percepción termina siendo más devastadora que cualquier expediente.
La oposición ya encontró un filón perfecto: exhibir la contradicción entre el mensaje mediático y las decisiones reales. Porque mientras se prometía transparencia y disposición total, hoy la imagen que queda es la de una gobernadora refugiada en tecnicismos constitucionales y protegida por el fuero.
El escenario además se complica por el momento político nacional. La tensión entre Chihuahua y el gobierno federal no es nueva, pero ahora entra en una etapa más delicada. Cualquier movimiento de la FGR puede convertirse en munición política rumbo a los próximos procesos electorales.
Y mientras eso ocurre, en Chihuahua la pregunta empieza a repetirse cada vez con más fuerza:
Si iba a dar la cara… ¿por qué no compareció personalmente?
Porque al final, más allá de abogados, recursos legales y discursos institucionales, la política se resume a algo muy simple: congruencia. Y hoy, justamente eso es lo que más le están reclamando a Maru Campos.
Por Eduardo Arredondo delgado







