Eduardo Arredondo
La Fiscalía de CDMX le tumbó la narrativa a Maru
La jugada política parecía perfecta. Victimizarse, denunciar persecución, acusar al Gobierno federal de hostigamiento y colocar la idea de que iban con todo contra la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván.
Pero la estrategia duró apenas unas horas.
La noche de este martes, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México salió a desmentir públicamente a Maru Campos y prácticamente le derrumbó el discurso mediático que había construido durante el día.
La dependencia capitalina fue clara: no existe imputación contra la mandataria, no hay judicialización y, todavía más delicado políticamente, aseguraron que el caso ya fue cerrado porque “no existían hechos constitutivos de delito que perseguir”.
Es decir: no había persecución penal.
El golpe no es menor.
Porque durante horas, Maru intentó instalar la narrativa de que estaba siendo víctima de una ofensiva política orquestada desde Morena y el Gobierno federal. Incluso vinculó el citatorio con el caso de los agentes de la CIA en Chihuahua y con la solicitud de juicio político presentada por diputados morenistas.
Pero la propia Fiscalía de la Ciudad de México le quitó combustible a esa versión.
Y aquí aparece el verdadero problema para Palacio de Gobierno: cuando una autoridad desmiente directamente a una gobernadora, el daño no solamente es jurídico… es de credibilidad.
La administración estatal apostó por elevar el tono político, hablar de persecución y victimización, pero terminó exhibida por la propia institución que supuestamente la estaba “hostigando”.
Además, el contexto empeora.
Porque mientras Maru denuncia una campaña en su contra, el senador Javier Corral Jurado también salió al choque y la acusó de manipular un trámite judicial para presentarse como perseguida política. Y Corral conoce perfectamente dónde golpear: el famoso episodio del bar Gin-Gin, uno de los momentos más vergonzosos del enfrentamiento entre ambos grupos políticos.
La confrontación ya dejó de ser solamente legal. Ahora es una guerra abierta de narrativas.
Y en política, cuando una versión oficial se cae en menos de un día, recuperar la confianza pública resulta mucho más complicado que ganar un juicio.
Mientras tanto, Chihuahua sigue atrapado entre acusaciones, videos, desmentidos, escándalos federales y pleitos personales que cada vez se parecen menos a una disputa institucional y más a una batalla por sobrevivencia política.
Porque al final, la pregunta sigue flotando en el aire:
¿Hubo persecución… o solamente una narrativa que terminó desmentida por la propia Fiscalía?
Por Eduardo Arredondo







