MARU PONE EL ALTO: UNIDAD O DERROTA
Por Eduardo Arredondo
Chihuahua.— Maru Campos no se anduvo por las ramas. El mensaje para quienes ya se frotan las manos pensando en las candidaturas de 2027 fue directo, incómodo y, para algunos, seguramente doloroso: “No podemos ser soberbios y no podemos ser tan miserables”.
Y vaya que hacía falta decirlo.
Porque en política hay aspirantes que todavía no tienen la candidatura, pero ya se sienten dueños del cargo. Otros apenas están calentando motores y ya comenzaron a repartir culpas, descalificaciones y traiciones.
El problema no es que quieran competir. El problema es que algunos parecen dispuestos a incendiar la casa con tal de quedarse con la llave.
Maru Campos puso sobre la mesa una realidad que dentro del PAN todos conocen: durante años Acción Nacional ha entendido que la unidad es una condición indispensable para enfrentar al verdadero adversario electoral.
“Sabemos que el enemigo está afuera”, recordó.
La frase tiene destinatarios, aunque no lleve nombres.
Porque una cosa es la competencia interna y otra muy distinta la guerra intestina. Una cosa es levantar la mano y otra comenzar a patear al compañero para subir un escalón.
Y aquí viene lo interesante.
La gobernadora también advirtió que las malas conductas pueden tener consecuencias políticas. Quien divida, quien rompa acuerdos, quien actúe con soberbia o anteponga su ambición personal al proyecto colectivo, podría encontrarse mañana sin aliados.
La política tiene memoria. Y también tiene factura.
Los aspirantes a 2027 deberían entender algo muy sencillo: todavía falta mucho camino y nadie tiene la candidatura en la bolsa.
Hoy pueden ser aliados, mañana adversarios y pasado mañana necesitarse nuevamente.
Por eso resulta suicida convertir una contienda interna en una guerra de exterminio.
El PAN tiene enfrente a Morena y a una oposición que seguramente llegará con sus propios conflictos, pero que sabe perfectamente que una elección se gana con votos, estructura y estrategia.
No con egos inflados.
Maru parece haber colocado una línea roja: competir sí; destruirse, no.
Y esa advertencia debería ser tomada en serio por todos aquellos que ya andan haciendo cuentas, levantando encuestas, midiendo simpatías y buscando padrinos.
Porque si alguien cree que para ganar 2027 primero tiene que acabar con sus propios compañeros, quizá no está entendiendo la política.
El enemigo electoral está afuera. Pero los soberbios y los miserables pueden abrirle la puerta desde adentro.
Ahí está el verdadero riesgo.
Y ahí está también el mensaje de Maru.
Unidad o derrota. Lo demás es puro ego.







