*Controversial…*
*La Necesaria Credibilidad Política: Ausencia de Fondo.*
Por: Raúl Sabido.
La política, cuando se ejerce con integridad, debería ser el reflejo de los valores y aspiraciones de la sociedad. Sin embargo, cuando los líderes recurren a la manipulación, la mentira y la hipocresía, erosionan la confianza ciudadana y condenan a la democracia a la apatía y el cinismo. La credibilidad política no es un discurso vacío, sino un equilibrio entre lo que se dice y lo que se hace, un lazo indispensable con la gente que, cuando se rompe, es en extremo difícil de restaurar.
*Factores que Erosionan la Credibilidad*
La credibilidad política no se pierde de un día para otro, es un proceso gradual, marcado por acciones y omisiones de quienes ejercen la política y el poder y son tres elementos clave contribuyen a su desgaste:
*Manipulación*
Distorsionar los hechos o alterar la percepción pública es una estrategia recurrente en los políticos sin escrúpulos. Se presentan soluciones rápidas y mágicas a problemas complejos, apelando al deseo ciudadano de cambios inmediatos. Sin embargo, cuando la realidad contradice sus promesas, la manipulación se revela y la credibilidad se desploma.
*Mentira*
En política, la mentira puede ofrecer ganancias temporales, pero siempre cobra factura. Como afirmaba *Hannah Arendt*, las falsedades pueden crear “efectos de verdad” momentáneos, pero al ser expuestas, destruyen la confianza no solo en el individuo, sino de toda su organización. Una vez que los ciudadanos asumen que la política está llena de falsedades, el rechazo y el hartazgo se imponen sobre la participación que muchas veces eso es lo que se busca.
*Hipocresía y Doble Moral*
Nada desacredita más a un político que exigir sacrificios mientras disfruta de privilegios o condenar prácticas que él mismo realiza. Cuando el discurso va en un sentido y las acciones en otro, el electorado percibe incoherencia y oportunismo, lo que fortalece la percepción de que la política de esos individuos no busca el bienestar común, sino la conveniencia personal.
*La Impunidad como Catalizador del Descontento*
La credibilidad no solo se pierde en lo individual, sino en lo institucional. Cuando un partido denuncia supuestas violaciones a la ley electoral mientras comete las mismas prácticas que critica, envía un mensaje devastador: *”las reglas solo aplican para los otros*”. Esta impunidad no solo erosiona la confianza en el partido, sino que exhibe también la importancia que le merece el sistema democrático, porque no cree en él.
Cuando los ciudadanos perciben que la justicia no se aplica de manera equitativa, la desconfianza se extiende más allá de la política, afectando también a las instituciones encargadas de impartir justicia. El riesgo es la normalización del abuso de poder y la resignación de la sociedad ante la corrupción en un momento dado.
*El Desprecio ciudadano como herramienta de cambio*
La única forma de recuperar la política es penalizar a los políticos deshonestos *con el desprecio activo de la ciudadanía*. Esto no es solo una postura moral, sino una estrategia para depurar el sistema y permitir la renovación de los liderazgos.
*¿Cómo se ejecuta este desprecio?*
*Con el voto consciente*: Es indispensable que los ciudadanos rechacen en las urnas a quienes han traicionado su confianza. La participación electoral debe ser un filtro de integridad, y no una mera repetición de estructuras fallidas.
*Con la movilización social*: La protesta y la denuncia pública son herramientas legítimas para exhibir el engaño y exigir rendición de cuentas. Un pueblo que calla ante la corrupción, la mentira y la manipulación se convierte en cómplice de su permanencia.
*Con la indiferencia estratégica*: A veces, el desprecio no requiere gritos ni pancartas, sino ignorar a quienes han demostrado ser indignos de liderazgo. Perder el interés mediático y social los deja sin el combustible del poder que es la atención pública
*Una Política sin Tutela de lo Desacreditado*
Como conclusión, la política necesita un renacimiento, uno que no esté tutelado por los mismos rostros que han fallado repetidamente. Es hora de abrir paso a nuevas generaciones que actúen con integridad y visión, libres de las estructuras desacreditadas que han venido intentando frenar el progreso ante los ojos de todos sin la menor consideración a la opinión ciudadana.
El desprecio hacia los políticos corruptos, mentirosos y manipuladores no es solo un castigo, sino es una declaración de principios ciudadanos mandante. Hacerlo es continuar con el paso hacia una transformación total y auténtica que consolide a la política y que represente los intereses del pueblo y no los de unos pocos.
*”Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”*
Porque solo con la fuerza y el compromiso de la ciudadanía, podemos seguir construyendo la política que refleje los valores, las aspiraciones y la dignidad de los ciudadanos. Quienes reconozcan que el pueblo es el verdadero protagonista del cambio *habrán consolidado su camino hacia el futuro de este país.*







