Infraestructura prometida… pero la credibilidad ya no se inaugura
Por Eduardo Arredondo
“Pinta muy bien”. Con esa frase la gobernadora aseguró que el último año de su administración estará marcado por infraestructura para Delicias y para Chihuahua. El escenario fue adecuado: inauguración de una pista de atletismo, obra visible, mensaje optimista y cierre de gobierno en el horizonte.
Pero en política no basta con anunciar. El problema no es lo que se promete; el problema es si todavía hay quien lo crea.
La reacción de escepticismo que generan este tipo de declaraciones tiene una explicación política sencilla: cuando un gobierno entra a su último tramo, cada anuncio empieza a leerse más como cierre de legado que como transformación real.
La ciudadanía ya no evalúa intenciones; compara resultados.
En Chihuahua existe una percepción instalada entre sectores de la población: hubo administración, hubo estabilidad institucional, pero el ritmo de grandes obras y cambios estructurales no logró instalar una narrativa de gobierno que emocione o que se sienta cercana al día a día.
Por eso cuando se anuncia que “viene infraestructura”, aparece inmediatamente la pregunta incómoda: ¿por qué hasta el último año?
La oposición encuentra ahí una ventana de ataque. Argumentará que muchas obras llegan tarde, que varias regiones siguen esperando inversión y que el discurso de cierre parece más orientado al balance político rumbo al proceso sucesorio que a resolver pendientes históricos.
Desde la visión del gobierno, el argumento será distinto: los proyectos públicos requieren tiempo, planeación, gestión financiera y que el impacto fuerte suele verse en la recta final.
El reto para Maru no será inaugurar más obras.
Será convencer de que esas obras son resultado de una estrategia y no de una carrera contra el reloj.
Porque en política la confianza funciona distinto que el concreto: una vez que se desgasta, no se reconstruye con discursos ni con ceremonias de corte de listón.
Y ahí está la verdadera prueba del último año.







