Miguel Orlando Alguero
El Mundial 2026 ya tiene fama de ser el más caro de la historia. En la mayoría de los 12 estadios sede, los aficionados enfrentan precios que rozan el abuso; por ejemplo una hamburguesa con papas cuesta hasta 24 dólares ($82.623) en el NRG Stadium de Houston, y en el BMO Field de Toronto un perro caliente llega a los 20 dólares canadienses ($48.520), unos 14 dólares estadounidenses, mientras una simple gaseosa supera los 11 dólares ($37.866).
A esto se suma una restricción que indigna a los hinchas, ya que en la mayoría de las sedes no se permite ingresar con comida ni agua propia, lo que obliga a comprar todo dentro del recinto a precios fijados por la organización.
Pero hay una excepción que se volvió viral entre los aficionados que han pasado por allí; se trata del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, donde la selección de España ya jugó en dos ocasiones, y un perro caliente (hot dog) cuesta apenas 2 dólares ($6.883), cuatro veces menos que en el resto de los coliseos del torneo.
Detrás de esa jugada comercial está Arthur Blank, multimillonario dueño de los Atlanta Falcons de la NFL y del Atlanta United de la MLS. Blank se negó a que la FIFA, presidida por Gianni Infantino, le impusiera los precios de comida y bebida en su propio estadio.
Desde hace diez años, el empresario mantiene una política interna que limita el costo de un perro caliente y una cerveza a no más de 10 dólares, una cifra prácticamente inédita en el deporte profesional estadounidense.
Rob, un aficionado libanés-estadounidense de Detroit que viajó con toda su familia para alentar a España, expresó la sorpresa de muchos turistas en sus redes sociales, ya que llegó preparado para pagar mucho más y se encontró con precios que no se ven en ningún otro estadio del país.
Ante este hecho viral, Verónica Restrepo, estratega de marca y crecimiento rentable, explicó que se trata de una estrategia de bajar el margen por unidad para subir el volumen de consumo y fortalecer la relación con el cliente.
“Lo que muchos negocios olvidan, maximizar el precio no es lo mismo que maximizar el valor del negocio. La mayoría de los estadios cobra de más porque tiene “audiencia cautiva”. Funciona hoy. Atlanta apostó al revés. Y es de lo más comentado del Mundial”, dijo la analista.
La historia de Blank explica por qué piensa distinto al resto de la industria deportiva. Nació en Nueva York en 1942 y comenzó su carrera como contador antes de escalar posiciones en el sector minorista.
El punto de quiebre llegó en 1978, cuando fue despedido junto a Bernie Marcus de la cadena Handy Dan Home Improvement Centers, en medio de disputas internas con la compañía. Lejos de hundirlo, ese despido fue el origen de uno de los gigantes del comercio global.
Ese mismo año, Blank y Marcus fundaron The Home Depot bajo una idea simple, que tiendas tipo bodega tuvieran amplia variedad de productos, precios competitivos y asesoría especializada al cliente. Las primeras tiendas abrieron en Atlanta en 1979, y la cadena creció hasta convertirse en el mayor minorista del sector en el mundo.
Blank ocupó cargos clave en la compañía durante casi dos décadas, primero como presidente y luego como CEO, hasta su retiro en 2001 como copresidente. Para entonces ya era multimillonario y había consolidado una filosofía empresarial centrada en el cliente que después trasladaría a sus negocios deportivos.
En 2002, Blank compró los Atlanta Falcons por 545 millones de dólares y más adelante impulsó la creación del Atlanta United en la MLS. Pero su apuesta más simbólica llegó en 2017, con la inauguración del Mercedes-Benz Stadium.
Antes de abrir el estadio, Blank escuchaba siempre la misma queja de los aficionados como entradas caras, parqueadero caro y comida todavía más cara. En lugar de aceptarlo como una regla inevitable del negocio deportivo, decidió cuestionarla.
Así nació la política “Fan First Pricing”, que fijó perros calientes y gaseosas a 2 dólares y cervezas a 5 dólares dentro del recinto, una rareza dentro del deporte profesional de Estados Unidos.






