¡CHIHUAHUA TAMBIÉN HIZO LA GUERRA POR CRISTO!
Rarámuri en armas, 20 mil católicos organizados y un intento de matar a Calles: la historia que durante un siglo quedó en las sombras
CHIHUAHUA.- La historia oficial de la Guerra Cristera acostumbró a mirar hacia Jalisco, Michoacán, Colima y Zacatecas. Pero mientras en el occidente del país las balas hablaban, en Chihuahua se tejía una resistencia que hoy vuelve a sacudir la memoria histórica del estado.
Rarámuri tomaron las armas. Miles de católicos se organizaron clandestinamente. Jóvenes llegaron a planear un atentado contra el presidente Plutarco Elías Calles. Y una poderosa organización religiosa llegó a reunir cerca de 20 mil integrantes.
No fue una guerra abierta como la que ocurrió en otras entidades, pero tampoco fue indiferencia.
Fue resistencia, organización y miedo a que Chihuahua terminara convertido en otro gran frente de la Guerra Cristera.
Así lo plantea el doctor Javier Horacio Contreras Orozco, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua, quien ha recuperado episodios poco conocidos de aquel conflicto.
LOS RARÁMURI TAMBIÉN ENTRARON EN LA LUCHA
Uno de los capítulos más incómodos de esta historia es la participación de comunidades rarámuri de la Sierra Tarahumara.
De acuerdo con la investigación presentada por Contreras Orozco, grupos indígenas se incorporaron al movimiento cristero y participaron en acciones armadas bajo el liderazgo de mestizos conocidos como chabochis.
No tenían grandes arsenales.
Algunos llevaban rifles calibre .22.
Otros peleaban con arcos y flechas.
Para identificarse utilizaban distintivos como moños azules en sus camisas o napachas.
Su incorporación no puede entenderse únicamente desde la política. Existía una mezcla entre el cristianismo, la devoción guadalupana y sus propias tradiciones espirituales.
Para aquellos grupos, la defensa de la fe adquirió un significado propio.
El gobierno federal respondió.
Los dirigentes fueron perseguidos y fusilados en Coatepec, con lo que prácticamente terminó aquel episodio armado.
Un capítulo brutal que, según el investigador, todavía requiere ser estudiado con mayor profundidad.
20 MIL CATÓLICOS: LA BOMBA QUE NO EXPLOTÓ
Pero la verdadera dimensión de Chihuahua estaba en otra parte.
En la organización civil.
La Liga Defensora de la Libertad Religiosa llegó a contar con una estructura de aproximadamente 20 mil integrantes en Chihuahua, de acuerdo con archivos consultados por Contreras Orozco en el Museo Nacional de Antropología.
La cifra resulta demoledora.
Porque significa que detrás de la aparente calma existía una enorme red de católicos organizados.
Trabajadores, artesanos y ciudadanos que podían convertirse en una fuerza política y social de enorme peso.
La organización recaudaba recursos y apoyaba al movimiento cristero.
Chihuahua tenía la estructura. Lo que no tuvo fue la orden para convertirla en una rebelión abierta.
EL OBISPO QUE APAGÓ LA MECHA
La posibilidad de una guerra abierta en Chihuahua fue frenada por el entonces obispo Antonio Guízar y Valencia.
Cuando llegaron los bonos utilizados para recaudar dinero destinado a la compra de armas, el obispo ordenó destruirlos.
Y lanzó una advertencia todavía más fuerte:
Quien se levantara en armas podía ser excomulgado.
La decisión evitó que miles de católicos organizados entraran directamente al conflicto armado.
La historia pudo haber sido diferente.
Muy diferente.
Porque si aquella estructura de miles de personas hubiera recibido autorización para tomar las armas, Chihuahua pudo haberse convertido en uno de los principales escenarios de la Guerra Cristera.
CALLLES, EN LA MIRA
Y si alguien piensa que todo se quedó en reuniones secretas y propaganda religiosa, hay otro episodio que demuestra la gravedad de la confrontación.
En 1928, durante una visita de Plutarco Elías Calles a Chihuahua, jóvenes de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana llegaron a planear un atentado contra el presidente.
Uno de ellos se colocó en un edificio frente al Palacio de Gobierno.
La intención era disparar.
El ataque nunca ocurrió.
El joven desistió al observar la cantidad de personas que rodeaban al mandatario y ante el riesgo de matar a civiles.
Calles salió con vida.
Pero el episodio dejó al descubierto el nivel de radicalización que había alcanzado el enfrentamiento entre el gobierno y sectores católicos.
LA GUERRA TERMINÓ… LA PERSECUCIÓN NO
Los llamados “Arreglos” de 1929 pusieron fin oficialmente a la Guerra Cristera.
Pero Chihuahua todavía viviría años difíciles.
Durante el gobierno de Rodrigo M. Quevedo se establecieron restricciones al ejercicio religioso y se limitó el número de sacerdotes autorizados para oficiar.
En medio de aquel ambiente apareció otra figura que terminaría convertida en símbolo de la persecución religiosa:
el padre Pedro de Jesús Maldonado.
El sacerdote continuó realizando actividades religiosas pese a las prohibiciones.
Fue detenido en Santa Isabel, golpeado y trasladado en condiciones graves al Hospital Central de Chihuahua.
Murió en 1937.
Años después sería reconocido por la Iglesia Católica como mártir de la fe.
UNA HISTORIA INCÓMODA PARA CHIHUAHUA
Durante décadas, la Guerra Cristera pareció pasar de largo por Chihuahua.
Pero los documentos y testimonios recuperados por investigadores cuentan otra historia.
Aquí hubo organización.
Aquí hubo clandestinidad.
Aquí hubo armas.
Aquí hubo rarámuri dispuestos a pelear.
Aquí hubo miles de católicos movilizados.
Y aquí también hubo jóvenes que llegaron a considerar el asesinato del presidente de México.
La frase del investigador resume el misterio:
“Pasó de noche, no porque no pasó nada, sino porque se ocultó”.
A 100 años del inicio de la Guerra Cristera, Chihuahua enfrenta nuevamente una pregunta incómoda:
¿Cuánto de aquella historia todavía permanece enterrado en los archivos, en las montañas y en la memoria de quienes nunca fueron incluidos en los grandes relatos de México?







