Chihuahua, Chih.—
Chihuahua vive una guerra silenciosa pero letal. En sus vastos desiertos y caminos rurales, la disputa entre los cárteles del narcotráfico ha recrudecido, reconfigurando el mapa del crimen organizado en el norte del país. Las ejecuciones, desapariciones y enfrentamientos armados son reflejo de una batalla que va más allá de las cifras: es por el control de las rutas estratégicas hacia Estados Unidos.
Durante décadas, el Cártel de Juárez y su brazo armado, La Línea, dominaron el estado. Pero con la caída de sus principales líderes y el avance del Cártel de Sinaloa, el equilibrio se rompió. Hoy, la fragmentación de los grupos ha generado alianzas efímeras, traiciones internas y una nueva ola de violencia que golpea municipios como Ojinaga, Aldama, Coyame y Manuel Benavides.
El caso más reciente es el de Sergio M. P., alias El Menchaca, detenido en Texas en agosto de 2023. Su captura desató una lucha intestina dentro de La Línea. Su hermano asumió el liderazgo, desplazando a El 04, antiguo lugarteniente, quien se unió a Los Cabrera, célula de Los Mayos, del Cártel de Sinaloa. Juntos emprendieron la ofensiva para tomar el corredor que conecta Chihuahua con la frontera estadounidense por Presidio, Texas.
Desde septiembre de 2024, las ejecuciones masivas se volvieron más frecuentes. En Ojinaga, 11 cuerpos aparecieron tirados a plena luz del día. En Aldama, los asesinatos son acompañados por mensajes y simbología del narco. En menos de seis meses, más de 30 personas han muerto en esta nueva oleada de violencia, según datos de la Fiscalía General del Estado.
Las autoridades estatales, encabezadas por el secretario de Seguridad Pública, Gilberto Loya, reconocen que se trata de una guerra por el trasiego de drogas, armas y migrantes. Sin embargo, los operativos, aunque constantes, parecen insuficientes ante la complejidad del terreno y la capacidad de los grupos criminales de replegarse, reagruparse y volver a atacar.
Mientras tanto, para los habitantes de la región, la vida se ha vuelto una rutina marcada por la incertidumbre. “No sabemos quién manda hoy”, confiesa un comerciante de Coyame. “Un día es uno, al siguiente son otros. Lo que sí sabemos es que aquí nadie está a salvo”.
Chihuahua, como en los años más oscuros de la guerra contra el narco, vuelve a ser territorio en disputa.







