Entre sombras y silencios
Por Eduardo Arredondo
Hay historias que nacen torcidas… y esta huele a una de ellas.
Lo que inicialmente se vendió como un “accidente carretero” donde perdió la vida el director de la AEI, hoy se desmorona bajo el peso de versiones que, aunque extraoficiales, resultan mucho más creíbles que la narrativa oficial. Porque cuando la autoridad explica poco, la realidad termina hablando más fuerte.
Y lo que está diciendo la realidad es incómodo.
Primero: los “instructores” estadounidenses. Esa etiqueta se cae sola. Nadie con dos dedos de frente cree que personal dedicado a la capacitación policial esté metido en la sierra, en medio de un operativo para desmantelar un narcolaboratorio. No cuadra. No embona. No resiste análisis.
Lo que sí empieza a tomar forma es otra cosa: la posible presencia de agentes de la Drug Enforcement Administration operando —sí, operando— en territorio mexicano.
Y ahí es donde el asunto deja de ser un caso policial para convertirse en un problema político… y de soberanía.
Porque mientras desde el ámbito estatal se construye una versión débil, desde el centro del país la presidenta Claudia Sheinbaum marca distancia y lanza un mensaje que no es menor: no hay autorización para operaciones conjuntas en campo. Traducción simple: si hubo agentes extranjeros en ese operativo, alguien está jugando fuera de la ley.
Así de claro.
Pero hay más. Testigos que descartan el accidente. Una zona dominada históricamente por el Cártel de Sinaloa. Un operativo de alto impacto. Y, de pronto, un “despeñamiento” que pretende cerrar el caso.
Suena más a cortina de humo que a explicación.
El mensaje del embajador Ronald Johnson tampoco ayuda a disipar dudas. Lamenta la muerte de personal de la embajada… pero no aclara qué hacían ahí. Y en política, lo que no se dice suele ser más importante que lo que se declara.
Aquí la pregunta no es si hubo un accidente.
La pregunta es: ¿qué salió mal en un operativo que, todo indica, no debía siquiera existir en esos términos?
Y peor aún: ¿quién autorizó —o permitió— la presencia de agentes extranjeros en una zona caliente, en medio de una operación contra el narcotráfico?
Porque si esto se confirma, no estamos frente a un error menor. Estamos ante una posible violación a la ley, a los protocolos… y a la soberanía.
Hoy, la autoridad estatal guarda silencio o habla a medias. Y en ese vacío, crece la sospecha.
Porque en México, cuando una historia no se cuenta completa… casi siempre es porque la verdad incomoda.
Y esta, claramente, incomoda demasiado.







