eduardo arredondo Se vendió la justicia en el caso ARAS
Por momentos, lo ocurrido en la audiencia del 30 de abril no pareció un acto judicial, sino una escena digna del desorden absoluto. Gritos, interrupciones, falta de control y una autoridad rebasada: ese fue el escenario donde se tomaron decisiones que hoy indignan a miles de víctimas del caso ARAS.
El protagonista de esta historia es el Juez de Ejecución, Juan Carlos Erives, quien no solo permitió el caos, sino que terminó avalando una resolución que levanta serias dudas sobre la imparcialidad del sistema: devolver bienes decomisados a la propia estructura ligada al fraude que afectó a más de cuatro mil personas.
La pregunta es inevitable: ¿en manos de quién está la justicia?
Lo más preocupante no es solo la decisión, sino la forma. Una audiencia sin orden, sin claridad y sin respeto por quienes acudieron en busca de respuestas. Un proceso donde los gritos sustituyeron a los argumentos y donde la autoridad judicial simplemente dejó que todo ocurriera.
Pero hay algo aún más grave: el cambio de roles que raya en lo absurdo. Abogados que defendían a ARAS hoy aparecen, en los hechos, con poder sobre los bienes que deberían servir para resarcir a las víctimas. Juez y parte en el mismo tablero. Un conflicto de interés tan evidente que no necesita explicación.
Y mientras tanto, las víctimas… esperando.
Esperando justicia. Esperando transparencia. Esperando que alguien les explique cómo es posible que quienes estaban del otro lado ahora tengan en sus manos el destino de los bienes.
En este contexto, también surgen cuestionamientos hacia la representación legal de las víctimas. ¿Se les informó con claridad lo que estaba ocurriendo? ¿Se defendieron realmente sus intereses? El silencio, en estos casos, también pesa.
El caso ARAS no solo es un fraude financiero de gran escala. Se está convirtiendo en algo más preocupante: un reflejo de la fragilidad del sistema de justicia cuando las decisiones generan más dudas que certezas.
Hoy, la confianza está en juego. Y cuando la justicia pierde credibilidad, pierde todo.
Porque si algo quedó claro tras esa audiencia, es que no solo están en disputa los bienes… está en disputa la justicia misma.







