¿Se desmorona Morena?
La cuenta regresiva ya comenzó. El próximo domingo 3, Morena vivirá un relevo clave en su dirigencia nacional: sale Luisa María Alcalde y entra Ariadna Montiel. Pero lejos de ser una transición tersa, el cambio ocurre en medio de tensiones internas que amenazan con fracturar al partido en la antesala de la disputa por 17 gubernaturas rumbo a 2027.
La llegada de Montiel no es menor. Su paso por la Secretaría del Bienestar le ha permitido tejer una red territorial con delegados en todo el país, lo que hoy despierta sospechas dentro del propio movimiento: ¿operación política o conflicto de interés? La posibilidad de que esa estructura se utilice para impulsar candidaturas afines ya genera incomodidad en distintas corrientes.
Mientras tanto, Andrés Manuel López Beltrán se mantiene firme en la Secretaría de Organización, consolidando un eje de poder que muchos consideran determinante en la toma de decisiones internas. En los pasillos del partido se habla cada vez más de un regreso al “dedazo”, ahora disfrazado de encuestas.
A nivel local, el panorama es aún más áspero. En estados como Chihuahua, el descontento crece por intentos de imponer perfiles alejados de la identidad regional, incluso con discursos que han sido percibidos como despectivos hacia la población. La desconexión entre la dirigencia nacional y las bases estatales comienza a pasar factura.
El caso de Sinaloa es el reflejo más claro de la fractura. La reciente gira de Gerardo Fernández Noroña no hizo más que avivar una disputa interna que ya venía escalando. El partido se encuentra dividido en bloques que respaldan a figuras como Imelda Castro, María Teresa Guerra, Enrique Inzunza, Graciela Domínguez y Juan de Dios Gámez. La pregunta es inevitable: ¿podrá Morena recomponer la unidad después de definir candidaturas o quedará herido de cara a la elección?
A esto se suma la presión de sus aliados. El Partido Verde Ecologista de México exige al menos siete candidaturas a gubernaturas, mientras que el Partido del Trabajo demanda otras tres. Las señales de distanciamiento ya son evidentes, incluso con acercamientos legislativos hacia la oposición, lo que complica aún más el tablero político.
La militancia observa con inquietud. ¿Quién decidirá realmente las candidaturas? ¿Los gobernadores con control territorial o la cúpula nacional? El dilema no es menor: centralismo o democracia interna.
Popurrí.
En contraste con la turbulencia política, el gobernador Rubén Rocha Moya confirmó junto a Feliciano Castro una inversión de 3 mil 300 millones de dólares en Topolobampo para la planta Pacífico Mexinol, un proyecto de metanol verde que promete bajas emisiones de carbono y desarrollo regional. La consulta ciudadana será coordinada por la Secretaría de Gobernación, con respaldo técnico de SEMARNAT y participación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.
Seguridad.
De acuerdo con el INEGI, Los Mochis se posiciona como la séptima ciudad con menor percepción de inseguridad en el país, al reducir su indicador de 25.6% a 21.1%.
Aspirantes.
En el Senado, Enrique Inzunza recibió a Ernestina Godoy, quien presentó el Plan Estratégico de Procuración de Justicia. Por su parte, Imelda Castro aseguró estar preparada para la guerra sucia que vendrá.
Mientras tanto, la próxima dirigente nacional lanzó una frase que retumba en medio de la incertidumbre:
“No vamos a dar ninguna declaración”, advirtió Ariadna Montiel.
El silencio, en política, también habla. Y hoy, en Morena, parece decir más de lo que quisieran reconocer.







