Que ironía: fiesta afuera, fuego adentro
Por Eduardo Arredondo
Mientras en la Feria Nacional de San Marcos 2026 se reparten sonrisas, apretones de mano y fotografías de ocasión, en Chihuahua la realidad camina con otro rostro: el del miedo, el de la sangre y el de una violencia que ya no pide permiso.
Ahí está la postal: la gobernadora Maru Campos y parte de su gabinete presentes en uno de los eventos más importantes del país, vendiendo imagen, promoviendo “lo bueno” del estado, intentando proyectar estabilidad. Y acá, en casa, la otra cara: ejecuciones, masacres, regiones enteras bajo tensión y una ciudadanía que ya no compra discursos.
Porque mientras se brinda en Aguascalientes, en el llamado “Gran Morelos” —esa franja que conecta realidades violentas del país— la sangre corre sin pausa. Lo ocurrido en Morelos no es un hecho aislado; es un espejo. Ocho personas ejecutadas en un bar clandestino, un comando que entra, dispara y se va como si nada. ¿Le suena familiar a Chihuahua? Debería.
La ironía es brutal. Se presume presencia institucional en ferias y escaparates nacionales, pero se evade la discusión de fondo: la seguridad. Porque aquí no se trata de agendas, sino de prioridades. Y hoy, la prioridad parece ser la foto, no el fondo.
En Chihuahua, la narrativa oficial insiste en que hay avances, en que se combate al crimen, en que las cosas “van mejor”. Pero la percepción ciudadana y los hechos diarios cuentan otra historia: la de un estado que sigue atrapado en la dinámica de violencia estructural, donde los operativos no alcanzan y la estrategia parece diluirse entre boletines optimistas.
¿De qué sirve promover a Chihuahua como destino si sus propios habitantes viven con incertidumbre? ¿De qué sirve asistir a ferias nacionales cuando en casa el control territorial sigue en disputa?
No es un tema de presencia, es un tema de ausencia. Ausencia de resultados contundentes, de una política de seguridad que verdaderamente cambie el rumbo, de una autoridad que entienda que gobernar no es solo aparecer… es responder.
La tragedia de Morelos no está lejos. Es el mismo país, la misma dinámica, la misma impunidad. Y Chihuahua no está exento; al contrario, convive todos los días con ese riesgo.
Por eso la pregunta no es si hay que estar o no en la feria. La pregunta es: ¿dónde debería estar realmente el gobierno cuando su estado sigue ardiendo?
Porque mientras unos aplauden en los foros, otros entierran a sus muertos en silencio.







