Ovnis, incredulidad oficial y el eterno “aquí no pasa nada”
Mientras en Valle de Chalco ciudadanos levantan la mirada al cielo y graban luces extrañas que incendian las redes, en Hidalgo la respuesta oficial es la de siempre: no hay reportes, no hay registros… y prácticamente, no hay problema.
El subsecretario Francisco Quijas Cruz lo dejó claro: en diez meses de gobierno, ni una sola alerta por ovnis. Todo en orden. Todo bajo control. O al menos, eso parece en el papel.
Pero la pregunta incómoda no es si existen reportes… sino si realmente se están buscando.
Porque en tiempos donde cualquier fenómeno queda documentado en segundos, resulta difícil creer que un estado entero permanezca completamente ajeno a este tipo de avistamientos. ¿No hay casos… o no hay interés en registrarlos?
El discurso oficial se refugia en lo predecible: si algo ocurre, será asunto de la Secretaría de la Defensa Nacional. Es decir, el tema se eleva, se diluye… y desaparece del ámbito local. Una salida institucional cómoda que evita responsabilidades inmediatas.
Mientras tanto, del otro lado de la frontera, el debate escala. En el Congreso de Estados Unidos ya no se ríen del tema: exmilitares declaran, se exigen informes y la palabra “ovni” empieza a tratarse con más seriedad que burla.
Aquí, en cambio, seguimos atrapados entre el escepticismo automático y la negación burocrática.
Sí, muchos de estos fenómenos tienen explicaciones lógicas: drones, satélites, efectos atmosféricos. Pero también es cierto que cerrar la puerta antes de investigar es la forma más rápida de garantizar que nunca sabremos nada.
Porque el problema no es que no haya ovnis.
El problema es que, oficialmente, nunca pasa nada… aunque la gente esté viendo otra cosa.







