MORENA NO ENTIENDE, NO APRENDE: LA CANDIDATURA DE 2027 SE ATORA EN SUS PROPIAS GRIETAS mario lopez andazola
Mientras unos llaman a la unidad, otros exhiben encuestas, presionan por posiciones y esperan que la definición llegue desde arriba
Chihuahua.— Morena enfrenta en Chihuahua una de sus mayores pruebas rumbo a la elección de 2027: definir quién encabezará su proyecto por la gubernatura sin provocar una fractura interna.
La demora en hacer público quién será el candidato o candidata no es un asunto menor. Políticamente, abre múltiples lecturas: ¿hay consenso?, ¿existe un acuerdo?, ¿se están midiendo realmente las preferencias o se está negociando el resultado?
El problema es que mientras la dirigencia habla de unidad, en el terreno político aparecen señales muy distintas.
Cruz Pérez Cuéllar ha insistido públicamente en la necesidad de mantener unido al partido, mientras la disputa interna ha exhibido diferencias entre grupos y aspirantes. El propio proceso nacional de Morena ha enfrentado cuestionamientos por la manera en que se utilizan las encuestas para definir candidaturas en distintos estados.
Y aquí aparece un dato que difícilmente puede ignorarse: las encuestas públicas no muestran un escenario uniforme, pero varias mediciones recientes han colocado a Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez como los principales perfiles de Morena en Chihuahua.
Buendía & Márquez, en una medición levantada del 29 de julio al 3 de agosto entre 1,200 adultos, registró 34% para Pérez Cuéllar y 31% para Andrea Chávez dentro de la contienda interna.
Otras mediciones también han colocado a Pérez Cuéllar en los primeros lugares, aunque con porcentajes diferentes. Por ejemplo, MetaMetrics reportó 39.2% para Cruz y 26.3% para Andrea Chávez en junio.
El mensaje de las encuestas, sin embargo, no es suficiente para resolver el problema político. Una cosa es aparecer arriba en una medición y otra muy distinta es conseguir que los distintos grupos acepten el resultado.
Ahí está precisamente el punto crítico.
CUANDO LAS ENCUESTAS SE CONVIERTEN EN ARGUMENTO POLÍTICO
En Morena las encuestas son parte central del método para definir candidaturas. Pero cuando diferentes grupos comienzan a presentar sus propias mediciones para respaldar sus posiciones, el ciudadano puede terminar preguntándose:
¿Cuál encuesta vale?
Y más importante todavía:
¿Quién reconocerá el resultado cuando llegue la hora de la verdad?
La historia reciente de Morena demuestra que las disputas internas por candidaturas pueden convertirse en conflictos políticos mayores cuando los grupos sienten que el método no fue transparente o que el resultado no corresponde con sus expectativas.
En Chihuahua, la tensión entre las distintas corrientes ya es visible. La prensa nacional ha documentado que la disputa por la candidatura de 2027 ha puesto a prueba la unidad del partido y que la dirigencia nacional busca evitar una fractura.
CRUZ Y LOERA: EL ANTECEDENTE QUE NO DEBERÍA OLVIDARSE
Hay un antecedente que vuelve inevitable mirar hacia atrás.
En el proceso anterior, Cruz Pérez Cuéllar cuestionó la decisión de Morena de postular a Juan Carlos Loera y criticó las encuestas internas, a las que calificó públicamente como “cuchareadas”.
Hoy, varios años después, el escenario vuelve a colocar a Morena frente a una pregunta incómoda:
¿Aprendió el partido de aquella confrontación o está repitiendo la misma historia con otros protagonistas?
Porque si algo puede poner en riesgo un proyecto político no es únicamente la fuerza de sus adversarios, sino la incapacidad de sus propios grupos para aceptar las reglas y cerrar filas después de una definición.
¿UNIDAD REAL O UNIDAD DE DISCURSO?
Mientras Cruz Pérez Cuéllar habla de unidad, en las mesas políticas de Chihuahua se discute precisamente lo contrario: grupos, aspirantes y simpatizantes que toman posición, presentan encuestas, promueven nombres y esperan que la definición favorezca a su corriente.
Incluso algunos perfiles que participaron o se han acercado al proceso interno buscan acomodarse alrededor de determinadas figuras.
Eso puede interpretarse como una negociación normal dentro de cualquier partido político. Pero también puede convertirse en una señal de fragmentación si las diferentes corrientes dejan de reconocer un resultado común.
Y ahí aparece el verdadero desafío para Morena:
ganar primero la batalla interna de la unidad antes de enfrentar la elección constitucional de 2027.
EL FACTOR CRUZ
Si Pérez Cuéllar fuera finalmente el elegido por Morena, la dirigencia tendría que enfrentar otro reto: lograr que quienes hoy disputan la candidatura se incorporen al proyecto ganador.
Pero si el resultado fuera contrario a sus aspiraciones, también existiría el desafío de mantenerlo dentro del proyecto y evitar una ruptura.
No corresponde afirmar anticipadamente qué ocurriría electoralmente si algún aspirante decidiera competir por otra vía. Lo que sí puede señalarse es que una ruptura de cualquiera de los principales grupos modificaría el tablero político, porque dividiría apoyos que hoy se encuentran dentro de la misma disputa interna.
Y eso es precisamente lo que Morena debería tener presente.
EL TIEMPO SE ACABA Y LA DEFINICIÓN NO LLEGA
Mientras el partido retrasa la definición, el debate crece.
Las encuestas se multiplican.
Los grupos se mueven.
Los aspirantes esperan.
Y en las mesas cafeteras de Chihuahua, la candidatura de Morena ya es uno de los temas políticos recurrentes.
La pregunta dejó de ser únicamente quién encabeza las encuestas.
Ahora la pregunta es mucho más profunda:
¿QUIÉN PODRÁ UNIR A MORENA DESPUÉS DE QUE SE CONOZCA EL RESULTADO?
Porque una candidatura puede definirse con una encuesta.
Pero una elección se enfrenta con un partido unido.
Y si Morena vuelve a tropezar con la misma piedra, la historia podría repetirse: primero la pelea por la candidatura, después la pelea por el pod







