Morena en Chihuahua: el riesgo de un partido dividido y sin un liderazgo local fuerte
Por: Eduardo Arredondo
El mayor reto de Morena en Chihuahua no está solamente en conquistar votos, sino en ordenar su propia casa. Un partido que aspira a gobernar necesita primero demostrar unidad, liderazgo y capacidad de ponerse de acuerdo.
Hoy el movimiento enfrenta uno de sus mayores desafíos: evitar que las diferencias internas se conviertan en una fractura rumbo al 2027. La propia dirigencia estatal ha tenido que impulsar acuerdos de neutralidad para evitar que la estructura partidista sea utilizada en favor de algún aspirante, una señal de que la competencia interna ya genera tensiones.
El problema de fondo es la falta de una figura local que concentre liderazgo, que pueda sentar a los distintos grupos en una misma mesa y que sea reconocido por la militancia, los alcaldes, legisladores y aspirantes.
Morena tiene presencia política, pero enfrenta el riesgo de convertirse en una suma de intereses individuales: unos buscando la candidatura al Gobierno del Estado, otros disputando espacios de poder y algunos más intentando imponer grupos sobre la estructura partidista.
En política, la división cobra facturas. Un partido puede tener fuerza nacional, pero si en territorio no existe organización, disciplina y una ruta clara, los votos no se convierten automáticamente en triunfos.
El escenario para Morena en Chihuahua es una carrera contra el tiempo: construir unidad antes de que la batalla interna sea más fuerte que la batalla electoral.
El verdadero enemigo de Morena no está afuera; puede estar dentro, en las disputas por el control del partido.
El tablero político rumbo al 2027 comienza a moverse, y la pregunta será si Morena logra llegar unido a la elección o si sus propias piezas terminan bloqueándose entre ellas.







