B. Moreno
Hay series que marcan a una generación y Girls es, sin duda, una de ellas. Las idas y venidas de Hannah Horvath y Adam Sackler (Adam Driver) en el Nueva York más bohemio mantenían en vilo a millones de espectadores que veían en su química algo magnético, crudo y, a veces, un tanto inexplicable. Sin embargo, lo que ocurría cuando las cámaras se apagaban en el set de rodaje era un misterio que ha permanecido guardado bajo llave durante más de una década. Hasta ahora. Lena Dunham, creadora y protagonista de la ficción, ha decidido abrir su corazón y sus recuerdos en Famesick, sus nuevas memorias, donde relata una realidad mucho más compleja e intensa de lo que nadie podía imaginar.
La relación entre Dunham y Driver siempre se ha considerado como una de las colaboraciones creativas más potentes de la televisión reciente. Pero, como ocurre a menudo cuando el arte y la realidad se difuminan, el vínculo entre ambos actores cruzaba líneas que hoy, con la perspectiva del tiempo, la escritora analiza con una mezcla de nostalgia y crudeza. Lena describe una dinámica que era, a partes iguales, absorbente e imprevisible. Según explica en su libro, el ambiente en el set podía pasar de la vulnerabilidad más absoluta a una tensión que se cortaba con un cuchillo en cuestión de segundos.
Uno de los episodios más reveladores que detalla la protagonista de Sin medida se sitúa en los inicios de la serie —que estuvo en emisión de 2012 a 2017—, durante el rodaje de una de sus primeras escenas íntimas. Lo que debía ser una secuencia coreografiada y pactada se convirtió en un momento de desconcierto absoluto para ella cuando Driver, llevado por la intensidad del personaje, la movió con una brusquedad que no estaba en el guion. En ese instante, Lena se sintió superada por la situación. “Conmocionada, me quedé sin habla por un momento sin saber muy bien qué había pasado. ¿Había perdido la autoridad como directora, había dejado que la escena se saliera de control?”, se preguntaba entonces con angustia.
Esa pérdida de control profesional se mezclaba con una sensación interna mucho más difícil de gestionar para la joven creadora. No es que se sintiera violentada, pero sí “sentí que algo íntimo, confuso y primario se había desarrollado en un escenario que se suponía que yo debía controlar”. Un testimonio valiente donde admite que el miedo a no haber dado las instrucciones adecuadas o a ser retirada de su puesto la paralizaba mientras intentaba asimilar lo que acababa de ocurrir bajo los focos.
Pero la intensidad de Adam no se limitaba solo a las secuencias de cama. El actor, conocido por su entrega total a los papeles, mostraba en ocasiones una frustración que desembocaba en estallidos físicos ante cualquier error. Lena recuerda que le dejó especialmente impactada un ensayo de madrugada en su camerino en el que, fruto del cansancio, ella era incapaz de recordar sus frases. “Sabía que las había escrito yo misma. Las sabía solo unos minutos antes. Pero cuando abrí la boca, lo único que salió fue un balbuceo”, relata la autora sobre aquel momento de bloqueo.
La reacción de su compañero fue inmediata y demoledora. Según relata Dunham, le gritó con fuerza para que reaccionara y lanzó una silla contra la pared justo al lado de ella. “¡Despierta! ¡Estoy harto de verte observándome!”, le increpaba Driver ante una Lena que no se atrevió a contar a nadie lo que acababa de suceder. No era un ataque directo, pero sí una muestra de esa energía excesiva que rodeaba al intérprete.
La escritora describe lo aterrador que resultaba encontrarse con alguien “tan plenamente presente y, al mismo tiempo, tan ausente”. Aquel incidente marcó un antes y un después en su forma de trabajar ya que confiesa que, a partir de entonces, recitó sus líneas correctamente por puro miedo a que la escena se repitiera.
El camerino de la actriz también fue testigo de momentos de una tensión casi insoportable y discusiones constantes. La actriz de Sharp Stick explica que llegó a la conclusión de que la intensidad de la ira de su compañero era proporcional a la de su conexión creativa. Incluso detalles estéticos provocaban en él reacciones extremas: “Le hizo un agujero a la pared de su camerino porque odiaba el nuevo corte de pelo” que habían decidido para su personaje.
En medio de este caos emocional, esa extraña mezcla de admiración y temor hizo que la línea entre la realidad y la ficción se volviera cada vez más borrosa. Lena admite ahora que, confundida por la fuerza de su vínculo, llegó a desarrollar sentimientos románticos por él. “Pasaba una cantidad de tiempo excesiva preguntándome si le gustaba a Adam”, confiesa con honestidad. “Podía ser irascible y verbalmente agresivo, condescendiente y físicamente imponente. También podía mostrarse protector, incluso cariñoso”. Sin embargo, esa búsqueda de afecto se topaba con una actitud arrolladora.
En una ocasión, mientras ella intentaba disculparse por una supuesta ofensa que ni recordaba, el protagonista de La casa Gucciinvadió su espacio personal y le espetó de forma amenazante: “No olvides nunca que te conozco, te conozco de verdad’. ‘¿Qué sabes?’, le pregunté. ‘No vas a fiestas. Te encantan los animales. Y odias que se hable a tus espaldas’. Y tenía razón”. Unas palabras que calaron en la actriz como una advertencia de que él tenía el control absoluto sobre su parte más vulnerable.
A pesar de estos roces, Dunham es clara al asegurar que nunca hubo una intención real de dañarla. Ambos se retroalimentaban en una espiral creativa que los llevaba al límite sin que apenas se dieran cuenta de las consecuencias emocionales que aquello acarreaba.
Sin embargo, no todo era conflicto en esta particular pareja artística. Driver podía ser irascible e imponerse físicamente, pero también se preocupaba por ella. En los momentos de mayor fragilidad de Lena, cuando los ataques de ansiedad la superaban durante las largas jornadas de trabajo, Adam era quien se acercaba todas las noches a su casa para sostenerla. Hubo un punto de inflexión cuando él le dijo: “Te lo advierto, si subo esta vez no me marcharé”. La creadora no quiso dejarle entrar porque una parte de ella sabía que, si cruzaban cualquier límite, “no habría vuelta atrás” y su corazón, magullado pero aún entero, “se resquebrajaría“.
Por eso, el final del rodaje fue tan agridulce. Al terminar su última escena juntos, en la que “ambos lloramos“, el actor se despidió con una frase que parecía sellar un vínculo eterno: “Espero que sepas que siempre te querré“. Lena confiesa en Famesick que llegó a fantasear con que esa conexión tan especial continuaría fuera de los focos, imaginando una amistad duradera o un apoyo constante en sus carreras. Pero la realidad fue muy distinta. Tras el cierre definitivo de Girls, el silencio se hizo absoluto. El actor desapareció de su vida y nunca volvieron a tener contacto. Un final abrupto para una historia que, según estas nuevas revelaciones, fue mucho más real, dolorosa y apasionada de lo que dictaba el guion.







