Miguel Ángel Castillo
Con 22 años, Mateo Chávez cumplirá el sueño de cualquier futbolista en el mundo: jugar un Mundial de futbol. En su caso, el de 2026, que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá. Pero su inclusión en la lista final de seleccionados de Javier Aguirre para vestir la camiseta del Tri tiene un grado particular de emoción que su padre dejó evidente al quebrarse en llanto en una entrevista de televisión.
Si bien es seguro que los familiares de los 26 elegidos por México no pueden contener el orgullo, el caso del padre de Mateo Chávez es casi una revancha familiar que se está cobrando este año.
Resulta que el progenitor del futbolista es Paulo César Chávez, ‘El Tilón’, un exjugador mexicano que estuvo en los prefinalistas de la Selección Mexicana para el Mundial de 1998 en Francia y al final quedó fuera, lo que significó “el dolor más grande de su carrera”, como él mismo lo define en la entrevista que le realizó el reportero Diego Ivey para la cadena ESPN.
Mateo Chávez es una de las promesas juveniles de México. Actualmente juega para el club AZ Alkmaar de la Erendivise, la liga de los Países Bajos. Canterano de las Chivas del Guadalajara, su debut en el futbol profesional se dio en la Liga Expansión de México con el Tapatío, un equipo filial de las Chivas y en 2022 entró por primera vez a la cancha con la camiseta del Guadalajara.
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Curiosamente, su padre, Paulo César, también debutó en el Rebaño Sagrado, en 1993, marcando una amplia trayectoria en el fútbol mexicano al pasar por los Rayados del Monterrey, Toluca, Monarcas Morelia, Veracruz, Irapuato, León y Dorados de Sinaloa, donde se retiró en 2012.
(REUTERS)
Su único llamado para una selección mundialista fue en 1998, de la cual fue recortado a última hora por el Director Técnico Manuel Lapuente, debido a que la FIFA impuso un límite de 22 jugadores para ese Mundial.
(Michael Steele – EMPICS via Getty Images)
Sin embargo, vistió la camiseta del Tri en otros partidos amistosos posteriores, así como torneos internacionales como la Copa América de 1999, donde vivió una amarga experiencia al ser separado del equipo por dar positivo en dopaje en una primera instancia, aunque luego se comprobó que no era cierto bajo el procedimiento de la Prueba B (un segundo frasco con la misma prueba de orina), por lo que su nombre quedó limpio y ninguna de las sanciones impuestas impuestas por la Conmebol fue aplicada en el futbol mexicano.







