Ani Moro
La vida de Natalia Jiménez dio un giro de ciento ochenta grados tras ser diagnosticada con un linfoma de Hodgkin en estado avanzado en enero de 2025. Desde entonces, la influencer de 21 años comparte en redes sociales su batalla contra la enfermedad, una tipología de cáncer que afecta al sistema linfático. El pasado mes de febrero actualizó a sus seguidores sobre su estado de salud, y no fueron buenas noticias: su última revisión médica revelaba actividad en los ganglios linfáticos, lo que sus médicos describieron como una “señal de alarma”. Recientemente, la joven ha vuelto a aparecer en redes sociales para sincerarse sobre lo duro de convivir con las secuelas que deja la quimioterapia, pues, aunque es popularmente conocida la agresividad del tratamiento, pocas veces se profundiza en los efectos físicos y psicológicos que deja una vez finalizado.
En un vídeo que ha compartido en su perfil, donde acumula más de dos millones de seguidores, Natalia ha explicado detalladamente las repercusiones que han implicado las 12 sesiones de terapia a las que se ha tenido que someter en el último año, comenzando con la caída regular de sus pestañas. “Después de que me hubiesen crecido, se me volvieron a caer. Y ahora me sigue pasando lo mismo”, ha contado la creadora de contenido, subrayando que se le han administrado ciertos suplementos para que le “crezcan más fuertes”. Otra alteración física que ha experimentado es la salida repentina de pecas en el rostro, un cambio muy “curioso” que achaca a que su piel se ha vuelto mucho más “sensible al sol”.
Paralelamente, también ha destacado la frecuencia con la que sufría pérdidas de memoria, un síntoma que había aparecido tiempo atrás y que al parecer es habitual en los pacientes oncológicos, cuyo deterioro cognitivo puede persistir incluso años después de finalizar el tratamiento. “Empecé a pensar en este fenómeno (quimio brain) en el momento en que yo no me acordaba de nada. Es como que mi cabeza va mucho más lenta de lo normal, y mira que yo ya era despistada de antes”, ha confesado la influencer, que también señaló una marcada pérdida de capacidad de concentración y de realizar tareas de forma simultánea. “Al menos he leído que con los años va mejorando”, ha afirmado.
En el plano emocional, la que fuera participante de MasterChef se ha abierto sobre otra afección que sufría desde tiempo antes de su diagnóstico: la anemia, una condición que ella describe como un “trauma” que le provocaba desajustes hormonales y mareos que ahora con la quimio aparecen con más regularidad en su día a día, en el que tiene que convivir con “cambios bruscos” en su estado de ánimo. Por último, Natalia ha comentado que no puede evitar sentir nauseas al ingerir determinados alimentos, sobre todo aquellos que le suministraban durante el proceso de cura. A pesar del deterioro físico y mental, la joven asegura sentirse profundamente agradecida, y proyecta grandes esperanzas en que todas estas secuelas vayan desapareciendo con el tiempo . “Espero que no se queden para siempre”, ha concluido.







