Huachicol con pasaporte extranjero: otro capítulo del saqueo institucional eduardo arredondo
Se vuelve casi con naturalidad: un nuevo decomiso, cifras estratosféricas, empresarios implicados. Pero esta vez hay un matiz inquietante: detrás de los ferrotanques incautados —que transportaban 750 mil litros de combustible ilegal— están empresarios con raíces estadounidenses, operaciones entramadas y nexos en México.
Lo ocurrido en las aduanas de Matamoros y Nuevo Laredo desnuda con crudeza que el huachicol ya no es solo un problema local o de ductos perforados, sino una estructura transnacional que aprovecha fisuras en la frontera, la laxitud aduanera y la complacencia institucional.
Que la empresa involucrada, L.E. International Fuel Supply, S.A. de C.V., estuviera registrada legalmente desde 2017 con capacidad para operar en importación, transporte, mezcla y distribución de productos petrolíferos no es casualidad, sino parte del laboratorio legal que usan redes de contrabando.
El verdadero golpe no solo es por los litros asegurados, sino por la señal que manda este caso: incluso con autoridades aduanales complicadas, el contrabando se hace pasar por “gasolina de baja calidad” para infiltrar combustible ilegal en el mercado nacional.
Esto no es simplemente un desfalco económico. Es un atentado contra la soberanía energética, contra la integridad del Estado y contra la confianza pública. ¿Cuántos de estos decomisos terminarán en juicios concluyentes? ¿Cuántos responsables —mexicanos o extranjeros— pagarán prisión?
Un gobierno comprometido con su propia narrativa de cambio no puede contentarse con decomisar y soltar discursos; debe reconfigurar la aduana, transparentar los contratos que permiten estas operaciones y, sobretodo, limpiar las cadenas de complicidad en todos los niveles.
Si dejamos que estos episodios se vuelvan rutina, pronto entenderemos que no importa el signo del gobierno: en la frontera del huachicol, siempre habrá impunidad adoptando pasaporte extranjero.







