Controversial …
El Juego del Ping Pong
Chihuahua y Sinaloa en la mesa del juego.
Por: Raúl Sabido.
El “ping pong” político utilizando los casos Chihuahua y Sinaloa refleja cómo las acusaciones cruzadas contra gobernadores y funcionarios exponen la profundidad de la penetración de los intereses del crimen organizado en las estructuras de poder tanto en México, como en los Estados Unidos. El caso de Maru Campos en Chihuahua y ahora el de Rubén Rocha Moya en Sinaloa muestran un patrón de descrédito que se devuelve como pelota en la mesa, con Estados Unidos como árbitro principal, mientras en Estados Unidos exoneran a los narcoterroristas ya sentenciados.
> Quien la hace, la paga:
Esa debería ser la premisa inquebrantable en cualquier democracia que se precie de defender la justicia y la soberanía.
> Chihuahua, la primera jugada:
Las acusaciones contra la gobernadora Maru Campos, muy vinculada por su cercanía con actores políticos Republicanos Trumpistas de Texas abrieron un frente muy delicado en plena tensión binacional, el caso puso sobre la mesa la fragilidad de las instituciones frente a los interese externos y a la sombra del narcotráfico en las estructuras del gobierno estatal.
> Sinaloa: el contraataque:
No pasó mucho tiempo antes de que la pelota regresara. El Departamento de Justicia de Estados Unidos señaló al gobernador Rubén Rocha Moya y a funcionarios en activo, y retiro, por presuntos vínculos con “Los Chapitos”. La narrativa es contundente: protección institucional, sobornos y complicidad en el tráfico de drogas hacia territorio estadounidense y posesión de armas. Un golpe que intenta equilibrar el tablero y dejar en claro que el problema de narcotráfico y armas no distingue colores ni partidos, ni soberanías.
> El árbitro invisible:
Estados Unidos aparece como árbitro de este partido. Las acusaciones contra funcionarios mexicanos parecen llegar en momentos estratégicos, justo cuando se acercan las negociaciones del T-MEC. El mensaje es claro: la corrupción y la penetración del crimen organizado en las estructuras de poder no son solo un problema interno, sino un factor que afecta la confianza y la estabilidad de los acuerdos comerciales.
> Una historia de largo metraje:
No se trata de episodios aislados. Desde los tiempos de Genaro García Luna y Felipe Calderón, pasando por la consolidación y fortalecimiento de los Guzmán y Zambada en ese periodo, el narcotráfico ha estado incrustado en las instituciones mexicanas desde los años 80 cuando nació el primer Cartel en México en la Cd. de Guadalajara. El “ping pong” actual es apenas un capítulo más de una película que lleva décadas proyectándose, con actores que cambian, pero con un guion que se repite.
> La paja en el ojo ajeno:
Mientras los señalamientos contra funcionarios de Sinaloa se ventilan en un tribunal de distrito de Estados Unidos, los de Chihuahua apenas comienzan a caminar en la fiscalía general de la República. Dos autoridades distintas, dos juzgadores diferentes, pero con un mismo trasfondo: el crimen organizado como actor central.
> Puntualicemos:
• Sinaloa bajo la lupa extranjera: se enfatizan drogas y armas como parte del entramado criminal, aunque esas armas provienen de Estados Unidos.
• Chihuahua y la “chamaqueada”: agentes de la CIA habrían protegido a verdaderos narcotraficantes y entregados laboratorios para fines mediáticos donde: NO drogas, NO precursores, NO detenidos.
• Los Chapitos y la justicia esquiva: mientras se acusa a funcionarios mexicanos de vínculos con ellos, la familia ha logrado esquivar la justicia mediante acuerdos con fiscales estadounidenses.
> El doble rasero es claro:
Se castiga a unos mientras se protege a otros, se señala a México por corrupción mientras se omite el papel de Estados Unidos en el tráfico de armas y en los pactos con los grandes capos en todo el continente. El resultado es un juego de ping pong donde la pelota nunca deja de rebotar, pero la red siempre está controlada por el mismo jugador.
> Quien la hace, la paga.
Sin condicionante alguna,
Ese debe ser el principio rector, sin importar el cargo, el partido o la coyuntura. México y Estados Unidos necesitan romper las dinámicas del descrédito cruzado y enfrentar de raíz los intereses y las filtraciones por el crimen organizado en ambos países. Solo así, las negociaciones comerciales mexicanas y la relación con Estados Unidos y Canadá podrán sostenerse sobre bases de confianza y verdadera soberanía.
> La validez de la moral, y de la credibilidad, de los actores:
Mientras en Estados Unidos se inicia el proceso de acusación contra los funcionarios de Sinaloa, en México los opositores buscan echarle tierra y sepultar el caso Chihuahua, ponderando el escándalo sinaloense como si fuera este suficiente para desviar la atención sobre Chihuahua. El juego de ping pong está más vigente que nunca, y se juega a conveniencia de los intereses de Washington.
Conviene recordar que fue el propio Donald Trump quien benefició a un expresidente acusado de narcotráfico, juzgado y sentenciado por la justicia estadounidense (Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras acusado de introducir cocaína a los Estados Unidos), liberándolo bajo el argumento de que su país no había actuado correctamente (la justicia y las leyes estadounidenses). Esa decisión, presentada como un acto de “corrección judicial”, terminó siendo un pacto político que favoreció a su candidato en las elecciones hondureñas.
Hoy, frente al caso Sinaloa, la pregunta inevitable es si la justicia estadounidense está actuando con la misma lógica de conveniencia.
¿Se trata de un verdadero combate contra el crimen organizado o de un nuevo movimiento estratégico en el tablero político y comercial?
> ¿Porque fue sentenciado Juan Orlando Hernández?
El expresidente Juan Orlando Hernández fue presidente de Honduras entre 2014 y 2022, y posteriormente fue condenado en Estados Unidos por narcotráfico acusado de introducir más de 400 toneladas de cocaína y fue sentenciado a 45 años de prisión, aunque en 2025 Donald Trump lo indultó y lo liberó de prisión.
Chihuahua-Sinaloa-Honduras con el mismo tema (narcoterrorismo) y el mismo fondo, los intereses de los Estados Unidos.







