EL DEDAZO QUE PUEDE INCENDIAR AL PAN
En el PAN de Chihuahua ya no hay manera de esconder lo evidente: la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua se ha convertido en una batalla por el poder y por el control del partido.
Desde un grupo político se pretende vender la idea de que Santiago De la Peña Grajeda ya tiene la candidatura en la bolsa. Pero una cosa es organizarle una fiesta, reunir a los cercanos y tomarse fotografías, y otra muy distinta es tener el respaldo de la militancia y, sobre todo, de los ciudadanos.
La candidatura no está definida.
Y si alguna duda quedaba, el propio Comité Ejecutivo Nacional del PAN vino a Chihuahua a dejarlo perfectamente claro: será el CEN quien conduzca el proceso.
El mensaje político es contundente.
No hay candidatura amarrada.
No hay decisión tomada.
Y mucho menos existe autorización para que desde Chihuahua se reparta anticipadamente una posición que será determinante para la elección de 2027.
EL PROBLEMA SE LLAMA IMPOSICIÓN
La historia reciente del PAN debería servir de advertencia.
En 2021, Javier Corral intentó impulsar a Gustavo Madero. El panismo reaccionó y frenó aquella operación.
Hoy, cinco años después, vuelve a aparecer la misma tentación: utilizar el poder para construir una candidatura desde arriba y después pedirle al partido que la respalde.
El problema es que los tiempos cambiaron.
Y los panistas también.
Santiago De la Peña puede tener relaciones políticas, respaldo de determinados grupos y cercanía con la gobernadora. Lo que todavía tiene que demostrar es algo mucho más importante:
¿Cuánto respaldo tiene realmente entre los panistas y entre los ciudadanos?
Porque una candidatura competitiva no se fabrica desde una oficina.
Se construye con votos.
NI JÁUREGUI NI LOERA SE HAN BAJADO
Y aquí aparece otro problema para quienes quieren cerrar la competencia antes de tiempo.
César Jáuregui Moreno y Rafael Loera Talamantes siguen en la jugada.
Ambos tienen trayectoria, estructura política y presencia propia.
Y mientras ellos mantengan sus aspiraciones, nadie puede hablar seriamente de una candidatura definida.
El nerviosismo que genera esa competencia se empieza a notar.
Lo que ayer eran reconocimientos y elogios, hoy puede convertirse en acusaciones y descalificaciones.
Eso no es fortaleza política.
Eso es desesperación.
Porque cuando un proyecto es sólido no necesita perseguir adversarios internos. Los derrota con argumentos, con trabajo y con votos.
EL PAN NO PUEDE EQUIVOCARSE
Aquí está la verdadera dimensión del problema.
El PAN no está eligiendo solamente a un candidato para una alcaldía.
Está tratando de construir la plataforma electoral con la que pretende enfrentar 2027.
Chihuahua capital será una pieza estratégica.
Por eso resulta absurdo pensar que la candidatura puede definirse por amistad, cercanía, favores políticos o lealtades personales.
La pregunta debe ser mucho más sencilla:
¿Quién puede obtener más votos?
No quién le cae mejor a la gobernadora.
No quién aparece más seguido en fotografías.
No quién tiene más acceso al poder.
Quién puede ganar.
Porque si el PAN quiere conservar Chihuahua y competir seriamente por la gubernatura en 2027, necesita al candidato que pueda ampliar su votación, sumar ciudadanos y evitar fracturas internas.
EL PAN NO ES PROPIEDAD DE NADIE
Éste es el punto que algunos parecen haber olvidado.
El PAN no pertenece a una familia.
No pertenece a un grupo.
No pertenece a una gobernadora.
Y mucho menos pertenece a un aspirante.
El PAN es una organización política con militantes que durante décadas han construido su presencia en Chihuahua.
Pretender que una sola voluntad puede decidir el futuro del partido es una peligrosa equivocación.
Y si esa voluntad intenta imponerse por encima de la militancia, la respuesta puede llegar precisamente donde más duele:
en las urnas.
Porque el peor escenario para el PAN no sería tener una competencia interna.
El peor escenario sería imponer una candidatura que provoque una fractura y después descubrir, demasiado tarde, que el candidato impuesto no tenía la fuerza electoral que le habían prometido.
EL CEN YA PUSO UN ALTO
La llegada de Santiago Taboada no fue un simple acto protocolario.
Su mensaje fue político y suficientemente claro: el CEN tendrá la conducción del proceso.
Eso significa que nadie puede apropiarse anticipadamente de la candidatura.
Significa que habrá que medir.
Habrá que negociar.
Habrá que escuchar.
Y, sobre todo, habrá que demostrar quién tiene capacidad real de competir.
El PAN nacional sabe perfectamente que Chihuahua capital no puede convertirse en un experimento de imposiciones.
Porque si la operación falla, no solamente perderá un candidato.
Puede perder el partido.
QUE DECIDAN LOS CIUDADANOS
La política tiene una regla que ningún grupo puede cambiar:
los votos no se pueden fabricar con propaganda.
Se pueden fabricar fotografías.
Se pueden organizar reuniones.
Se pueden llenar salones.
Se pueden repartir discursos.
Pero al final del día, el ciudadano decide.
Y si Santiago De la Peña pretende ser candidato, tendrá que demostrar que puede caminar solo, convencer solo y ganar votos sin que nadie tenga que cargarlo políticamente.
Porque si necesita que el poder lo empuje para llegar a la candidatura, habrá que preguntarse qué ocurrirá cuando tenga que competir contra toda una oposición.
El PAN tiene tiempo para corregir.
Pero no tiene tiempo para equivocarse.
La candidatura de Chihuahua capital no debe ser un premio.
Debe ser una apuesta para ganar.
Y si alguien pretende convertirla en un dedazo, que recuerde lo ocurrido en 2021.
El panismo ya demostró que puede decir que no.
Esta vez también puede hacerlo.
La candidatura no está decidida.
El PAN no está arrodillado.
Y la última palabra, guste o no guste a quienes hoy pretenden repartir el futuro desde arriba, la tendrán los votos.
Al tiempo.







