A ti ciudadano.
Historias de la frontera.
Durante casi cincuenta años, la frontera entre México y Estados Unidos, de El Paso al Pacífico, fue apenas un puñado de montículos de piedra en el desierto. Nada más.
El Tratado de Guadalupe Hidalgo la dibujó en un mapa en 1848 y la compra de La Mesilla la corrigió en 1853, pero sobre el terreno casi no existía. La primera comisión de límites alcanzó a colocar poco más de cincuenta marcas en toda esa extensión, separadas por decenas de kilómetros de arena y sierra. Muchas se cayeron, se robaron o simplemente desaparecieron. La gente seguía cruzando por donde siempre había cruzado, porque no había nada que indicara lo contrario.
Apenas entre 1891 y 1896 una comisión conjunta de los dos países recorrió la línea completa con teodolitos y mulas y plantó doscientos cincuenta y ocho obeliscos de hierro colado, numerados uno por uno. Los cargaron a lomo de mula por caminos que no existían. Varios de esos monumentos siguen ahí parados hoy mismo, oxidados y con su número visible.
Eso quiere decir que muchas familias de ambos lados vivieron generaciones enteras sin saber con exactitud de qué lado quedaban. La línea llegó mucho después que ellos.
¿Sabías que la frontera tardó casi medio siglo en marcarse de verdad?







