*Controversial …*
Reflexiones diarias.
Por: Raúl Sabido.
*EGO*
_”Hay que temer menos a la derrota que al ego que no sabe perder. Cuando las urnas arrasan una vanidad desmedida, el resentimiento suele ocupar el lugar de la razón. Hoy un ego ha sido herido, y la historia enseña que nada bueno suele venir después.”_
El problema no es tener ego, sino dejar que decida por nosotros. Necesitamos una identidad que nos dé autoestima, seguridad y sentido de pertenencia; no un tirano interior que gobierne nuestras decisiones, emociones y relaciones. La diferencia está entre un ego que nos sostiene y uno que nos somete.
• *¿QUÉ ES EL EGO?*
Se llama ego a la imagen que construimos de nosotros mismos: quiénes creemos ser, cuánto pensamos que valemos, qué merecemos y cómo deseamos que nos vean. No es una etiqueta para diagnosticar a nadie. Es ese narrador interno que repite: «Yo soy», «yo tengo», «yo sé», «yo merezco» y, a veces, «yo valgo más».
La pregunta incómoda no es cuánto ego tienen los demás, sino qué hacemos cuando alguien nos contradice. ¿Defendemos una idea o la imagen que queremos conservar? Un ego equilibrado permite crecer, aprender y construir; uno desmedido busca imponerse, competir y comparar. La confianza se vuelve exigencia de reconocimiento y la dignidad se confunde con la necesidad de recibir aplausos.
• *EL EGO Y LAS DEBILIDADES HUMANAS*
Un ego gigantesco puede parecer seguridad. Mi sospecha es que, en algunos casos, también es una armadura para esconder inseguridades: miedo al rechazo, al fracaso, a la insignificancia, a la soledad, a perder poder o a reconocer las propias limitaciones. Cuanto más vulnerable se siente alguien, más puede aferrarse a una imagen exagerada de fortaleza.
Presumir no siempre es confiar: a veces es acallar una duda. Gritar puede encubrir miedo; humillar, una sensación de inferioridad; exhibir poder, el temor a perderlo. No son explicaciones universales, sino posibilidades. Una defensa agresiva del ego no demuestra necesariamente fortaleza: puede proteger aquello que no queremos reconocer como vulnerable.
• *LAS CARACTERÍSTICAS DEL EGÓLATRA*
La egolatría no es simplemente autoestima elevada, sino una necesidad de admiración que puede volverse insaciable. Todo gira alrededor de un sol llamado «yo»: ser el centro de atención, tener la razón y alimentar una imagen grandiosa. No basta lograr algo; hace falta que todos sepan quién lo hizo. Sin aplausos, el logro parece perder valor.
Aceptar un error amenaza esa imagen. Entonces aparecen las justificaciones, la minimización y el traslado de responsabilidades. Los méritos ajenos incomodan y se descalifican como si fueran una competencia. El afán de controlar personas, conversaciones y circunstancias sustituye a la autocrítica. Se escucha para responder, no para comprender, y la discrepancia se recibe como ataque personal.
Así, un cuestionamiento deja de ser una oportunidad para revisar una idea y se convierte en una amenaza al orgullo. Ya no se discute el argumento: se defiende la imagen.
• *CUANDO EL EGO SE SIENTE HERIDO*
Una herida emocional puede desestabilizar a quien se aferra a una imagen idealizada de sí mismo. No se trata de negar el dolor, sino de examinar la respuesta. Cuando la realidad contradice esa imagen, podemos defenderla en lugar de revisar nuestras decisiones. Las siguientes conductas son posibilidades, no un desenlace inevitable.
La negación rechaza los hechos o intenta distorsionarlos. La victimización presenta toda crítica como persecución, conspiración o injusticia: la responsabilidad siempre parece estar fuera. La agresividad ataca a quienes se consideran responsables de la herida y busca destruir al mensajero en vez de enfrentar el mensaje.
La venganza puede expresarse en represalias abiertas o silenciosas contra quien contradijo, superó o exhibió a la persona. La manipulación intenta recuperar poder mediante el chantaje emocional, la culpa o la distorsión de los hechos. La obsesión por recuperar admiración consume energías que podrían dedicarse a resolver el problema: importa más reconstruir la apariencia.
También puede llegar el aislamiento: refugiarse entre quienes confirman nuestras creencias y descartar cualquier discrepancia. El riesgo es perder el contraste con otras perspectivas y confundir la aprobación del círculo cercano con la realidad.
• *EL EGO UN EXCELENTE SIRVIENTE, UN PÉSIMO AMO*
Hasta aquí, sería fácil pensar solo en alguien más. Pero esta reflexión pierde sentido si no nos obliga a mirarnos: escuchar para comprender, reconocer un error y aceptar una discrepancia sin convertirla en enemistad. No para renunciar a nuestra dignidad, sino para dejar de confundirla con tener siempre la razón.
El ego es un excelente sirviente, pero un pésimo amo. Bajo control, aporta identidad, confianza y fortaleza; cuando gobierna, nos vuelve prisioneros de nuestra imagen. Ser fuerte no es salir ileso de cada herida al ego, sino reconocer el dolor, aprender y avanzar sin fabricar enemigos ni perseguir aplausos.
*El ego inflado busca admiradores; el carácter sólido busca la verdad. Cuando esa verdad contradice nuestra imagen, podemos defender el pedestal o atrevernos a bajar de él. Ahí empieza la verdadera fortaleza.*







