Animal Político
En los muros de Facebook de la mamá y del tío de Edith Guadalupe se atestiguan las horas de desesperación de la familia en la búsqueda de la joven de 21 años, que culminaron con el hallazgo de su cuerpo sin vida durante las primeras horas del viernes 17 de abril.
Por el hecho, después de un camino plagado de obstáculos, omisiones y malas prácticas —y una investigación que, como es frecuente, quedó en manos de su propia madre—, el vigilante del edificio ubicado en Revolución 829, a donde ella acudió por una supuesta oferta laboral, ha sido imputado. La fiscalía insiste en que cuenta con suficientes elementos de prueba en su contra.
“¡La encontramos! Lamentablemente el desenlace fue fatal. Gracias a todos por compartir. En paz descanses mi niña”, es la publicación más reciente de su tío después de haber escrito desde el jueves alrededor del mediodía: “Ayúdenme a compartir, por favor, familiares y amigos. Es mi sobrina, desapareció ayer 15 de abril aproximadamente a las 4:30 pm. Vestía pantalón azul de mezclilla, blusa verde, zapatos negros y bolsa blanca. La última vez que se le vio fue tomando el Uber moto”
Así, en la madrugada del 16 de abril las autoridades tuvieron conocimiento por primera vez de su desaparición, y empezó el andar que tantas familias conocen. La búsqueda de una joven en la Ciudad de México es una práctica tristemente cotidiana: una ficha de búsqueda recompartida en redes sociales y canales de WhatsApp; horas gastadas en denunciar y convencer ante ministerios públicos inoperantes; incertidumbre, y en algunas ocasiones, un pronto hallazgo que, sin embargo, no resulta una buena noticia.
Tan común es que casi al mismo tiempo que Claudia Edith, la mamá de la joven, acudía a las instalaciones de la Fiscalía de Investigación Territorial en Benito Juárez para identificar el cuerpo de su hija, y después a la comisión de búsqueda capitalina para su acompañamiento, colectivos de madres, padres, hermanos, tíos e hijos de personas desaparecidas exigían transparencia y protección tras el hallazgo de más de mil fragmentos óseos humanos en la zona limítrofe de Tláhuac y Chalco.
La mamá de Edith vivió durante los últimos días de la semana pasada una historia que se ha experimentado y contado muchas veces, más de 3 mil 500 todavía sin desenlace en los últimos cinco años, según el registro oficial. Pero Edith Guadalupe pasó de esa estadística a la de mujeres víctimas de feminicidio en tan solo 24 horas. Las autoridades no actuaron con la rapidez suficiente para hallarla con vida, pese a tener una dirección exacta.
Su caso resaltó, desde un principio, los obstáculos, las omisiones y la presunta corrupción frente a la denuncia, acusados tantas veces, pero agudizados en cada nueva ficha de búsqueda. El viernes por la mañana un video mostró a Claudia Edith gritando afuera del edificio donde ella sabía que su hija permanecía.
“Me piden el dinero por debajo del agua para que realicen su trabajo y no se vale… Una respuesta, yo quiero a mi hija, porque mi hija ingresó aquí, y de aquí debe de salir, aquí la tienen; aquí me dijeron que mi hija no ingresó desde el día 15; venimos, y venimos, y venimos varias veces, y dijeron que no, y ahorita resulta que en las cámaras de allá adentro (del edificio), mi hija no ingresó, y en las cámaras del C5 sí ingresó. ¡Ayúdenme, por favor, a buscar a mi hija, y me tienen que dar una pinche respuesta de allá adentro! No se vale que estén jugando con nosotros… quiero una respuesta, ya estuvo bueno”.
Lo dijo con desesperación frente a los medios, para demostrar que solo cuando la exigencia se hace en voz alta, se amplifica y se vuelve mediática, las autoridades dan una respuesta. Solo cuando una madre investiga por su cuenta, como la de Lesvy Berlín Osorio, o la de Rubí Marisol Frayre Escobedo. Años después, la realidad evidencia la misma frustración y las mismas prácticas.
“Mi hija no salió de aquí”, repetía Claudia Edith, pidiendo que la dejaran revisar rincón por rincón, porque ella lo sabía. Sabía que su hija seguía en ese edificio y no estaba bien. Lo supo antes que las autoridades, que solo dejaron pasar el tiempo. Ella les dio la información, y luego insistió ante quien quisiera escucharla. Desde un principio, hubo muchas irregularidades, acusó ante las cámaras. Tuvo que gritar, cerrar las calles, y hasta ofreció hacer el trabajo que los funcionarios no querían hacer.
Las últimas horas de Edith Guadalupe
Pasado el mediodía del viernes, la fiscalía capitalina finalmente informó sobre el hallazgo en una conferencia de prensa. Ahí, se relató que Edith Guadalupe fue reportada como desaparecida la madrugada del jueves 16 de abril. Había salido de su domicilio, en Magdalena Atlazopa, Iztapalapa, el miércoles 15. Llegó al edificio en Revolución 829, alcaldía Benito Juárez, y compartió la ubicación con una de sus tías.
Se trasladó hasta ese lugar en una motocicleta de aplicación. El C5 captó el momento en el que ingresó. Después, no se supo más de ella. Su mamá reportó la desaparición la madrugada del jueves, con los detalles de su ubicación, pero fue hasta 24 horas después, a la 1:30 de la madrugada del viernes, que la fiscalía ingresó al inmueble, revisó piso por piso, torre por torre y las áreas comunes.
Se hicieron diligencias, aseguramientos y hallazgos que condujeron a la localización de la joven de 21 años. Primero hallaron algunas de sus pertenencias, y más tarde su cuerpo sin vida en el sótano del edificio, debajo de un montículo de arena. A las 5:30 comenzó el procesamiento del cuerpo y el lugar.
El cuerpo de Edith Guadalupe presentaba lesiones por golpes muy probablemente relacionadas con feminicidio. Solo hasta ese momento la fiscalía empezó otros múltiples actos de investigación: procesamiento del lugar de los hechos, análisis de videograbaciones, entrevistas y otras labores dirigidas a esclarecer. Los detalles no podían hacerse públicos para no comprometer el proceso.
La fiscal Bertha Alcalde Luján también dijo estar tomando con la mayor seriedad los señalamientos sobre posibles irregularidades en la atención del caso: retrasos en la intervención por parte de equipos de búsqueda inmediata porque desde la madrugada del 16 de abril se contaba con la información del domicilio, y posibles actos de corrupción, es decir, la solicitud de dinero denunciada por la mamá de Edith.
El personal involucrado fue separado de sus funciones mientras se desarrollan las indagatorias, pero Edith Guadalupe no volverá. Colectivos y familiares de personas desaparecidas han insistido hasta el cansancio sobre lo vitales que son las primeras horas. Una vez más, no lo fueron.
El retraso en el hallazgo
En entrevista con Grupo Fórmula, Luis Gómez Negrete, titular de la comisión de búsqueda de la Ciudad de México, recapituló que el día 15 por la noche y en las primeras horas del 16, la familia de Edith Guadalupe acudió al Centro de Atención para la Búsqueda de Personas a levantar un reporte por su desaparición.
Después, admitió: “Es un hecho que se demoró 24 horas en poder ingresarse al edificio que se está refiriendo, donde fue hallado un cuerpo sin vida que hoy sabemos corresponde a Edith, y que nos tiene en suma consternación e indignación, y que justamente esta demora en su localización tiene como consecuencia varias irregularidades que están investigándose desde el día de ayer antes de que se diera el hallazgo”, dijo Gómez.
La familia le hizo llegar información a la dependencia desde el primer momento, detalló, lo que apunta a que la demora es atribuible al personal de la fiscalía, en hechos relacionados con malas prácticas y posiblemente corrupción. Cuando fueron recibidas esas quejas, antes del hallazgo, se inició una investigación por parte de la Unidad de Asuntos Internos.
Ante una situación como la denunciada, las acciones deberían ser inmediatas y contundentes, admitió él mismo. Por las irregularidades del personal que atendió a la familia y demoró, fue hasta la madrugada del día 17 que se llevó a cabo una acción que debería haberse hecho desde el primer momento.
En concreto, la familia de Edith acusó que el personal de la fiscalía había hecho una revisión de las cámaras en las inmediaciones del lugar de partida de la joven, pero no del de llegada a la oferta laboral, debido a un presunto acto de corrupción. Dos procesos son los que ahora aguardan en la fiscalía: la investigación para esclarecer el feminicidio de Edith, y aquella que pesa sobre las responsabilidades del personal que no actuó de inmediato, como dicta el protocolo.
“Es una alteración inaceptable, y que estamos viendo sus consecuencias, y que por lo tanto, tiene que llevarse a las últimas instancias para tomar medidas y que una situación así no se vuelva a repetir, y que justamente nos encontramos con la familia brindando acompañamiento, y asegurando que el protocolo de investigación por feminicidio se lleve a cabo con todas las instancias involucradas”, añadió Gómez.
Mientras la fiscalía dice investigar, tras la presión pública, la familia pide privacidad para vivir su dolor. Tienen interés en seguir insistiendo en una investigación adecuada y concluyente, pero por ahora solo están dedicados a procesar su pérdida. Las autoridades prometen, ahora sí, actuar contra quien creen responsable, el vigilante del edificio.
“Seguridad las 24 horas”
Del edificio en Revolución 829 se sabe que está ubicado en la colonia Nonoalco, alcaldía Benito Juárez. De entrada, parece un condominio con función habitacional. Hoy, otra mujer ha asegurado públicamente que también fue citada ahí para un trabajo como cuidadora de niños y de limpieza, pero desconfió porque le pidieron ir sola y sin INE.
Hasta 2019, las rentas de departamentos en ese lugar rondaban los 15 mil pesos. La descripción los presentaba como viviendas de dos recámaras, dos baños y dos estacionamientos en 80 metros cuadrados de construcción. Con balcones, estacionamientos techados y “seguridad las 24 horas”.
La superficie total del predio, de acuerdo con su certificado de uso de suelo, es de 781 metros cuadrados. Tiene una autorización para uso habitacional de cuatro niveles, aunque hoy cuenta con 15, además de comercio vecinal y servicios básicos en oficinas, despachos y consultorios a escala vecinal. A la venta, cada departamento alcanzó en su momento un costo de más de 3 millones de pesos, aunque alguno habría sido ofertado en la modalidad de remate bancario muy por debajo, por apenas un millón.
Una vez que la fiscalía decidió empezar a trabajar, tras las omisiones expuestas que, mientras no se confirme la hora de su muerte, no podrá saberse si, de no haber existido, podrían haber conducido al hallazgo con vida de Edith Guadalupe, el mismo viernes dio a conocer la aprehensión de Juan Jesús N por su probable participación en el feminicidio.
El hombre detenido era el vigilante del edificio al que ingresó la joven; según la dependencia, después de un altercado, la habría agredido. Los datos de prueba, dicen, están en el informe de criminalística, el dictamen médico forense preliminar y el hallazgo de manchas de sangre en la caseta.
Ante los alegatos de la madre y el padre del acusado en el sentido de que es inocente, la dependencia capitalina distribuyó este domingo una nueva información. Insiste en que la imputación se sustenta en datos de prueba sólidos: indicios biológicos y otros datos permiten establecer, con solidez, su probable participación, sostiene.
La dependencia asegura que las pruebas serán fortalecidas con otros actos de investigación y confrontas genéticas, además de que se determinará si el imputado actuó solo o no, y dado el caso, se identificará si existen posibles hechos delictivos vinculados a otras mujeres, luego del testimonio surgido en torno a las ofertas laborales falsas relacionadas con esa dirección.
La fiscalía reporta, ahora con rapidez, avances de su investigación en torno al feminicidio de Edith Guadalupe, pero aún nada sobre las omisiones y responsabilidades, en el ejercicio del servicio público e incluso penales, de sus propios funcionarios.







