Ahora sí… ¿quién va por ellos? Designaciones como terroristas del cartel de Juárez y de “los Viagras”
Por Eduardo Arredondo
Se acabó el tiempo de los eufemismos.
Para Estados Unidos, el Cártel de Juárez y “Los Viagras” ya no son solamente organizaciones dedicadas al narcotráfico. Desde este 16 de julio, oficialmente forman parte de la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) y de Terroristas Globales Especialmente Designados (SDGT).
Y entrar a esa lista no es cualquier cosa.
Es el mismo catálogo donde Washington coloca a organizaciones consideradas una amenaza directa para su seguridad nacional. Estar ahí significa convertirse en un objetivo prioritario para la inteligencia, la persecución financiera y la cooperación internacional de Estados Unidos.
La pregunta ya no es si los van a perseguir.
La pregunta es quién será el primero en caer.
Porque, a partir de esta designación, cualquier persona, empresa o institución que haga negocios, financie o facilite operaciones con estos grupos puede enfrentar severas consecuencias bajo la legislación estadounidense. Sus bienes bajo jurisdicción de Estados Unidos quedan bloqueados, se cierran las puertas del sistema financiero estadounidense y se endurecen las herramientas legales para perseguir a quienes colaboren con ellos.
El golpe no sólo es contra los hombres armados.
Es contra el dinero.
Contra los prestanombres.
Contra las empresas fachada.
Contra las redes de lavado.
Contra quienes durante años construyeron imperios económicos protegidos por el miedo, la corrupción o el silencio.
En Chihuahua, la noticia sacude el tablero. El nombre del Cártel de Juárez vuelve a ocupar los titulares internacionales, pero ahora con una etiqueta que ningún grupo criminal quiere cargar: terrorista.
Y esa palabra pesa.
Porque cambia la manera en que Estados Unidos trata el problema. Ya no es únicamente una guerra contra el narcotráfico; es una estrategia contra organizaciones consideradas una amenaza para su seguridad nacional.
La presión también recae sobre las autoridades mexicanas. La cooperación binacional se intensificará y la exigencia de resultados será mayor.
Quienes pensaban que esta designación era sólo un cambio de nombre, se equivocan.
Es una declaración de guerra jurídica, financiera y política.
Ahora veremos quién resiste cuando empiecen a cerrarse las cuentas, a rastrear el dinero y a seguir cada movimiento de quienes durante años se sintieron intocables.
Porque una cosa quedó clara este jueves:
Estados Unidos ya decidió dónde ponerlos. Los colocó en la lista de terroristas. Ahora falta ver quién los lleva ante la justicia.







