Crítica de La luz de las ausencias
Por: Norma Vázquez
El jueves 28 de mayo se presentó en Teatro Bárbaro La luz de las ausencias, escrita y dirigida por Saúl Enríquez dentro del proyecto México en Escena. La luz de las ausencias es resultado de un taller entre creadores de Teatro Bárbaro y un viaje del dramaturgo por la Sierra de Chihuahua.
La luz de las ausencias es una obra escrita con pasión desde la interseccionalidad: la raza, la clase, el género y la discapacidad. Retoma elementos de vivencias reales de los integrantes de Teatro Bárbaro y de personas como todas y todos nosotros.
La interseccionalidad es un concepto creado por la jurista Kimberlé Crenshaw en 1989. Este concepto explica cómo el género, la raza, la clase social y la discapacidad se entrelazan y generan experiencias únicas de discriminación, opresión o privilegio. La luz de las ausencias puede ser analizada desde la interseccionalidad. A continuación, se presenta cada categoría y su respectiva descripción.
Raza
Al decir, ranchería y Sierra Tarahumara, ya sabemos que Tita y León, ambos huérfanos, conviven con mestizos y rararámuris en condiciones que atraviesan a los personajes, una interculturalidad que no es valorada y solo se queda en crisol de razas. Tita es mencionada como la de “cabello güero” y su hermano León es una persona con discapacidad que vende gorditas o “gordas” como él les dice y así grita para atraer a algún comprador en esos rincones olvidados por las instituciones, las políticas y los gobiernos, pero no por la autoridad que además de ordenar, está para reprimir, controlar, vigilar y castigar. En esta obra, los rarámuris se perciben, así como las barrancas y el paisaje suntuoso: estáticos, testigos inactivos.
Clase social
Ranchería, Sierra Tarahumara, barranca, telesecundaria. A partir de esas condiciones ubicamos la clase social a la que pertenecen los personajes, una clase social mestiza empobrecida y que duele más por la falta de oportunidades. Dentro de la clase social hay características que te hacen destacar o te hunden y el dramaturgo lo plantea muy bien en la socialización de los adolescentes en la telesecundaria. La renuencia de Tita de ingresar a la escuela, los zapatos desgastados, la ropa, el tipo o carencia de propiedad, son elementos que nos acercan al contexto social del que León, Tita y la Ranchería son parte.
Género
La menarquía en Tita, atravesada por la pobreza menstrual y la ignorancia debido a la ausencia de figura materna y de la asistencia social que no llega a esos sectores, es el claro ejemplo de una realidad que viven muchas adolescentes y mujeres en la sierra. Además, la falta de madre y padre, ya sea por muerte o abandono, no se siente y no se juzga igual, y el defender el acoso por clase es más aceptado que defenderlo por género, y el castigo por ser hombre o mujer, no es igual, dependiendo de la relación de poder desde la que se vive. En esos lugares la menstruación es estigma, burla y vergüenza.
Discapacidad
León vive una condición que atraviesa la clase, el género y la raza, no se trata de hacer divisiones para ver quién está peor en la escala social o para ver quién sufre más o menos, si no de entender y de ir hacia adentro de las condiciones para explicar la discriminación: un hombre mestizo, pobre y discapacitado.
Habitar un cuerpo con discapacidad en este mundo, pero en especial en la sierra chihuahuense, es un estigma porque a un hombre no se le permite ser débil y no funcional en la dureza del clima y el ambiente. Imaginemos ahora si el personaje fuera mujer. ¿Quién es más desechable para la sociedad, capacitista, machista y clasista? Imaginemos una mujer con menstruación y encima discapacitada. O una mujer embarazada y discapacitada.
El poder del Estado por medio de los policías se refleja en la injusticia que viven las personas con discapacidad, las mujeres, los niños y los pobres.
“Somos luz por dentro. Y somos luz porque los ausentes se convierten en eso, son la luz que nos acompaña”.
En esta puesta en escena, a pesar de la supervivencia, de la tragedia, de la desolación, la tristeza y el abandono, tiene lugar la empatía y la justicia social. Una mujer que se solidariza con Tita durante su menstruación, los jóvenes que no permiten injusticias y demuestran que unidos no hay impunidad ni arbitrariedad contra el que menos tiene, contra el que no se puede defender.
Los personajes nos reciben con música norteña, un corrido triste. A manera de guía, hay dos personajes que fungen como presentadores, como si de un documental se tratara, los narradores omniscientes de la obra que, por su vestimenta y su forma de hablar: moderada, clara, con lenguaje neutro, representan al mestizaje privilegiado, que puede ser turista, académico, trabajador institucional, activistas que poco pueden hacer ante la violencia y las injusticias en esos rincones de la sierra. Esos personajes son interpretados por Rogelio Quintana y Yaundé Santana, que ocasionalmente dan voz a otros personajes ambientales en la obra.
Saúl Enríquez y Magnum García, de Teatro Bárbaro, hicieron un gran trabajo para crear una escenografía destacable que hace honor a una historia que todo chihuahuense debe ver. Así como vemos esa escenografía, así son muchas de las casas en los hogares más sencillos en la sierra: la mesa grande con repisa incluida, es mesa pero también es una especie de alacena en donde bien pueden estar las tijeras, las jarras, las bandejas para lavarse las manos y la cara y para preparar alimentos; las semillas, los sartenes, los tableros para las tortillas de harina. Un trastero sencillo y una estufa de leña junto a unos bancos. Esteras en donde se duerme en el piso.
La iluminación acompaña a los personajes, destacando los momentos divertidos y violentos en tonos cálidos, y los momentos tristes y esperanzadores en azul.
La poesía de los diálogos es de sencillez norteña, lugar en donde en la vida cotidiana se habla poco y las emociones catárticas son tajantes, breves. Los chihuahuenses nos rehusamos a hablar de más, hablamos entre silencios, herencia rarámuri y de las culturas del desierto.
Las actuaciones de todos los personajes se sienten y se viven: somos todos ellos por nuestro origen serrano y chihuahuense, y así mismo, nos vemos en los otros. En el elenco, formado por Rogelio Quintana, Yaundé Santana, Rosy Peña, Frida Serna y Miguel Serna (hija y padre en la vida real), destaca el trabajo actoral de Rosy Peña y Miguel Serna, siendo las más difíciles de lograr por la naturaleza de los personajes: Rosy Peña en doble personaje: compañera bully de telesecundaria y madre de León y Tita, papel en donde dejó el alma, y Miguel Serna siendo León, persona discapacitada, cuyo personaje es tan bien actuado que entre el público asistente así como otros creadores de teatro fuera de la ciudad de Chihuahua creen que es persona con discapacidad.
La riqueza culinaria de la sierra norte chihuahuense es presentada por los actores al interactuar con el fuego y los alimentos: las semillas, el chile colorado, la harina, la carne de cerdo y los condimentos.
Al final de la puesta en escena las y los actores dieron voz al público asistente para conocer su opinión sobre la obra, obteniendo respuestas favorables que destacan la pertenencia a un lugar, la empatía por la condición de discapacidad del personaje de León, así como el resultado del trabajo de la producción de Teatro Bárbaro.
CLANDESTINO CAFÉ
En el recinto de Teatro Bárbaro se encuentra un rincón especial en donde las y los asistentes podemos disfrutar de un café en Clandestino café, barra de café itinerante en distintos espacios de la ciudad de Chihuahua. El café es de Chiapas y es el mejor que he probado en Chihuahua. Agradezco a la barista Claudia, experta y amable. Clandestino café tiene todo lo que se busca en una taza de café.







