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Una lectura y un análisis de las razones de la desbordante alegría egipcia ante la participación internacional
En 2022, Marruecos sorprendió al llegar a semifinales del Mundial, convirtiéndose en la primera selección árabe y africana en lograrlo.
Solo cuatro años después, en el Mundial 2026, Marruecos reafirmó su estatus al llegar a cuartos de final.
Sin embargo, en Egipto la eliminación en octavos de final se celebró como un éxito, con una acogida oficial y popular excepcional, pese a que el logro no iguala el de Marruecos ni supera otros logros africanos.
A continuación, trataremos de explicar esta paradoja.
El logro por sí solo no explica la magnitud de la celebración
En cifras, Marruecos lidera el fútbol árabe y africano en Mundiales: alcanzó las semifinales en 2022 y luego los cuartos de final.
Ghana, Camerún y Senegal también llegaron a cuartos, y Argelia alcanzó los octavos en 2014 con un partido memorable ante Alemania, que luego sería campeona.
Por eso, que Egipto llegara a octavos no lo convierte en el país con el mejor logro árabe o africano en la historia del torneo. Las celebraciones egipcias se explican por circunstancias que dieron a su participación un valor excepcional, más allá de la clasificación alcanzada.
Romper el punto muerto
La primera razón es que Egipto logró algo histórico: tras años de ausencias o eliminaciones tempranas, los «Faraones» superaron por primera vez la fase de grupos y alcanzaron los octavos de final, su mejor resultado en un Mundial.
Ahí radica la diferencia con Marruecos.
Marruecos llegó al Mundial de 2026 con el legado de Catar y una afición que ya confía en su selección.
En Egipto, tras décadas de decepción, el hito se vivió como un momento histórico que más que mejorar el ranking mundial cambió la forma en que los egipcios ven a su selección.
El partido de Argentina
Clasificarse para octavos fue un orgullo, pero también la forma en que la selección se despidió del torneo.
Ante Argentina, los Faraones se adelantaron 2-0 y pusieron al borde de la eliminación a uno de los favoritos, hasta que Lionel Messi y su equipo remontaron y ganaron 3-2 en un duelo dramático.
El encuentro demostró que Egipto no era solo un equipo en una fase avanzada, sino uno capaz de aspirar a más.
Para muchos ilusionados, la derrota fue un final doloroso de una aventura que merecía seguir, no solo una eliminación ante un gran rival.
Más que un simple entrenador
La participación de Egipto cobró otra dimensión gracias al seleccionador Hossam Hassan, quien acaparó la atención al izar la bandera de Palestina tras vencer a Australia y por sus repetidas declaraciones de apoyo a Gaza.
Estas posturas dieron a la selección una relevancia que, para muchos aficionados, superó el fútbol y convirtió su éxito en una historia cargada de patriotismo y solidaridad, aumentando el apoyo popular durante todo el torneo.
El Mundial ha devuelto el prestigio a Mohamed Salah
El torneo marcó un punto de inflexión para Mohamed Salah con Egipto. A pesar de su brillante carrera en el Liverpool, el capitán era criticado por la falta de títulos con su selección, especialmente tras perder dos finales de la Copa Africana y no ir al Mundial 2022.
En 2026, sin embargo, su liderazgo llevó al equipo a su mejor actuación y le valió el reconocimiento como el capitán que, por fin, marcó un hito con la camiseta nacional.
Sensación de injusticia
A este apoyo masivo a la selección se sumó la sensación de un amplio sector de la afición de que el partido contra Argentina se caracterizó por decisiones arbitrales que favorecieron a los «bailarines del tango».
Las declaraciones de Hossam Hassan y varios jugadores, la queja oficial de la Federación Egipcia y una intensa campaña en medios y redes sociales reforzaron esa convicción.
Así se entiende la reacción de la afición, que cree que los Faraones merecían seguir en el torneo y por eso muestra mayor solidaridad con jugadores y cuerpo técnico.
El homenaje oficial consagró la «imagen de los héroes»
Las celebraciones oficiales, encabezadas por el presidente egipcio Abdel Fattah al-Sisi, rindieron homenaje a jugadores y cuerpo técnico y entregaron valiosos obsequios, reconociendo una participación histórica que devolvió el prestigio al fútbol egipcio.
Aunque otras selecciones árabes y africanas tuvieron mejores resultados en el Mundial, en Egipto se percibió que el valor del logro no radica solo en la fase alcanzada, sino en su impacto social.
¿Fue la celebración excesiva?
Algunos observadores creen que las celebraciones superaron el logro deportivo: Marruecos llegó a semifinales y luego a cuartos, y Ghana, Camerún y Senegal alcanzaron cuartos, mientras que Argelia tuvo una participación histórica en 2014, sin que se repitiera este escenario.
Los seguidores de Egipto replican que cada caso tiene su contexto: la afición celebró no solo el pase a octavos, sino romper una barrera histórica y un rendimiento que mostró que la selección puede competir con las potencias. y la sensación de que su camino se truncó cuando merecía seguir.
El mayor logro de Marruecos… pero
Quizá Egipto no encabece los logros africanos en el Mundial 2026, y quizá el hito de Marruecos en Catar siga siendo el más destacado del fútbol árabe, pero el fútbol no se mide solo por las estadísticas.
A veces, el impacto interno de un logro supera las cifras.
Por eso, la reacción egipcia no se debió solo a la clasificación a octavos, sino a que millones sintieron que su selección rompía el pasado, recuperaba la confianza y abría la puerta a ambiciones que parecían un sueño.
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