Bonilla: el problema no es que quiera ser gobernador, sino que todavía tiene demasiado que demostrar
El alcalde que ya se ve en Palacio, pero todavía tiene cuentas pendientes en la capital
Por Eduardo Arredondo
Marco Bonilla ya no juega a las escondidas.
Quiere ser gobernador de Chihuahua.
Lo dijo. Lo confirmó. Y políticamente ya está en campaña, aunque falte tiempo para que comiencen formalmente las campañas.
Pero una cosa es querer ocupar Palacio de Gobierno y otra muy distinta tener los méritos suficientes para que Chihuahua se lo entregue.
Y aquí comienza el problema.
Porque Bonilla ha construido una imagen política cuidadosamente empaquetada: alcalde joven, eficiente, panista, cercano al empresariado, defensor de la seguridad y representante de una nueva generación.
La pregunta incómoda es:
¿Qué hay detrás de la imagen?
Porque gobernar no es posar para la fotografía.
Gobernar es hacerse responsable de lo que funciona, pero también de lo que fracasa.
Y ahí es donde Bonilla tiene varios flancos abiertos.
EL PRIMER PROBLEMA: CONFUNDIR LA CAPITAL CON EL ESTADO
Bonilla ha ganado dos elecciones municipales con números importantes.
Eso nadie se lo puede quitar.
Pero Chihuahua capital no es Chihuahua.
Un gobernador tiene que responder por 67 municipios, no solamente por las colonias de la capital.
Tiene que mirar a Juárez, a la Sierra, al campo, a Delicias, Cuauhtémoc, Parral, Casas Grandes y a cada comunidad donde las necesidades son diferentes.
El modelo municipal de Bonilla todavía tiene que demostrar que puede convertirse en un proyecto estatal.
Porque poner más cámaras, patrullas y tecnología en la capital no resuelve automáticamente la inseguridad de la Sierra ni la problemática del crimen organizado en las regiones rurales.
Y ahí está una de las grandes preguntas que Bonilla todavía debe contestar:
¿Cuál es su verdadero proyecto para todo Chihuahua?
No para la capital.
Para Chihuahua.
SEGURIDAD: SU BANDERA Y SU TALÓN DE AQUILES
Bonilla ha hecho de la seguridad uno de los principales escaparates de su administración y defiende la coordinación internacional de la Policía Municipal como parte de su estrategia.
Pero cuando la seguridad es tu principal bandera, también se convierte en tu principal responsabilidad política.
Si algo sale bien, es mérito del alcalde.
Si algo sale mal, también.
Y el debate nacional que provocó la colaboración policial con autoridades estadounidenses demostró que la estrategia de seguridad de Bonilla no está exenta de cuestionamientos políticos. La propia presidenta Claudia Sheinbaum criticó aspectos de esa colaboración y Bonilla respondió defendiendo el esquema.
El problema no es colaborar con otros países.
El problema político es otro:
¿Hasta dónde llega la autonomía municipal cuando se trata de seguridad y hasta dónde debe llegar la coordinación con la Federación?
Si Bonilla quiere ser gobernador, tendrá que responder esa pregunta con mucha mayor precisión.
Porque desde Palacio de Gobierno ya no hablaría solamente por una corporación municipal.
Hablaría por todo el Estado.
EL SEGUNDO PROBLEMA: LA IMAGEN
Aquí aparece un asunto que merece especial atención.
Se ha publicado un señalamiento sobre un gasto de cientos de millones de pesos en comunicación social, publicidad y redes durante su administración. Esa cifra y su interpretación son objeto de controversia y deben ser contrastadas con la información oficial y los expedientes presupuestales antes de convertirlas en una conclusión definitiva.
Pero políticamente la pregunta ya está sobre la mesa:
¿Cuánto cuesta construir una imagen política?
Porque cuando un alcalde comienza a parecer más preocupado por su posicionamiento estatal que por terminar su administración municipal, el ciudadano tiene derecho a preguntar.
¿Gobierna para la ciudad?
¿O gobierna pensando en la siguiente elección?
Y esa diferencia puede convertirse en un problema serio para Bonilla.
EL TERCER PROBLEMA: MÁPULA
El nuevo relleno sanitario de Mápula se convirtió en uno de los proyectos más controvertidos de su administración.
El municipio impulsó el proyecto y adquirió los terrenos, pero el desarrollo terminó enfrentando litigios y amparos.
Eso significa que el proyecto que se presentó como solución de largo plazo no ha podido avanzar conforme al plan original.
Y aquí hay una lección política:
No basta con anunciar grandes proyectos. Hay que conseguir que funcionen.
Un gobernador será evaluado por resultados terminados, no por renders, discursos ni primeras piedras.
EL CUARTO PROBLEMA: CONTINUIDAD
Bonilla tiene otro asunto que puede convertirse en una bomba electoral.
No solamente es Bonilla.
Es el PAN.
Es la continuidad del grupo político que gobierna Chihuahua.
Es el proyecto que comenzó con Maru Campos y que Bonilla pretende prolongar.
Para sus simpatizantes, eso significa estabilidad.
Para sus adversarios, significa exactamente lo contrario:
más de lo mismo.
Y si en 2027 el electorado llega cansado, inconforme o dispuesto a experimentar una alternancia, Bonilla tendrá que cargar con una pesada mochila:
ser el candidato de la continuidad.
Entonces la pregunta aparecerá en cada debate:
¿Por qué Chihuahua necesita otros seis años del mismo proyecto?
Y esa pregunta no se responde con propaganda.
Se responde con resultados.
EL QUINTO PROBLEMA: BONILLA TODAVÍA NO HA DEMOSTRADO QUE PUEDA CON TODO EL ESTADO
Esta es, quizá, la crítica más importante.
Bonilla ha demostrado que puede ganar elecciones.
Ha demostrado que puede construir una estructura política.
Ha demostrado que puede mantenerse competitivo.
Pero ganar una elección no es lo mismo que gobernar un estado.
El gobernador tiene encima seguridad estatal, Fiscalía, salud, educación, infraestructura, agua, carreteras, desarrollo rural, coordinación federal y una relación permanente con los 67 municipios.
Es otra liga.
Por eso no debería pedirse el voto para Bonilla solamente porque ganó la capital.
Eso sería insuficiente.
Debería pedirse el voto si puede responder algo mucho más difícil:
¿Qué va a hacer que no se haya hecho ya?
EL VERDADERO PELIGRO PARA BONILLA
El mayor enemigo de Bonilla no necesariamente será Morena.
Tampoco será Cruz Pérez Cuéllar.
Ni Andrea Chávez.
Su mayor enemigo puede ser la expectativa que él mismo ha creado.
Porque quien se presenta como el gran administrador tiene que demostrarlo todos los días.
Quien presume seguridad tiene que responder por la inseguridad.
Quien presume transparencia tiene que soportar el escrutinio.
Quien presume resultados tiene que aceptar que le revisen también los pendientes.
Y quien quiere gobernar Chihuahua tiene que dejar de pensar solamente como alcalde de la capital.
EL VEREDICTO
No hace falta decir que Marco Bonilla sea un mal alcalde.
Eso sería demasiado fácil.
La crítica verdaderamente contundente es otra:
Bonilla todavía no ha demostrado que sea el hombre que Chihuahua necesita para gobernar todo el estado.
Tiene imagen.
Tiene estructura.
Tiene partido.
Tiene experiencia electoral.
Tiene la capital.
Pero la gubernatura exige mucho más.
Exige visión estatal.
Exige capacidad para enfrentar una crisis de seguridad que rebasa cualquier municipio.
Exige capacidad de negociación con Federación y municipios.
Exige resultados en regiones que no tienen las condiciones económicas de la capital.
Y exige, sobre todo, demostrar que detrás del proyecto personal existe un verdadero proyecto de Estado.
Porque si Bonilla quiere llegar a Palacio de Gobierno solamente porque ya conquistó Palacio Municipal, entonces Chihuahua tiene derecho a decirle:
Una alcaldía no es una credencial automática para gobernar un estado.
En 2027 no bastará preguntar quién puede ganar.
Habrá que preguntar algo mucho más incómodo:
¿Quién realmente puede gobernar Chihuahua?
Y ahí, precisamente ahí, es donde Marco Bonilla todavía tiene mucho que demostrar.







