La actuación de Morante de la Puebla ayer en la Maestranza de Sevilla volvió a situarlo en ese lugar donde el toreo trasciende lo meramente técnico para convertirse en expresión artística pura. La tarde tuvo ese aroma irrepetible de las grandes ocasiones, en la que el torero cigarrero impuso su sello desde el primer instante, conectando con los tendidos de una plaza que siempre le exige, pero que también sabe rendirse cuando aflora su inspiración más auténtica.
Uno de los momentos más comentados fue, sin duda, el tercio de banderillas, donde llegó el gesto que marcó la corrida. Morante pidió una silla —facilitada por Marcos Núñez— para ejecutar el tercer par al quiebro, en una momento cargado de personalidad, riesgo y un profundo sentido estético. En una instantánea sentado citando al toro que evocó esos pasajes de la lidia publicados en sepia. A partir de ahí, ya con el ambiente completamente a su favor, utilizó ese mismo elemento para iniciar la faena por alto, en un arranque que nos retrotrajo a ese Siglo de Oro.
En ese instante la idia tomó un cariz de creciente intensidad, con un público ya plenamente implicado en cuanto sucedía en el ruedo. Morante estructuró la faena con inteligencia, alternando tandas de mayor ligazón con momentos de pausa, en los que buscó templar la embestida y alargar el recorrido del animal. La colocación y la elección de terrenos resultaron claves para dar continuidad a una obra que fue claramente de menos a más.

Un trasteo que destacó por la despaciosidad en el trazo y por la capacidad del torero para mantener el pulso frente a un animal que al que no se le podían pegar tirones. La conexión con los tendidos se hizo evidente conforme avanzaban las series, generándose un clima que desembocó en una respuesta unánime del público al término de la labor, pese a pincharlo en repetidas ocasiones.
Más allá de lo estrictamente taurino, la tarde dejó también elementos de valor simbólico. La silla empleada durante el tercio de banderillas y el inicio de faena ha pasado a manos de José María Garzón, mientras que este también se ha conservado un macho del traje de luces. Ambos objetos quedan así vinculados a una actuación que, por su rotundidad y repercusión, se proyecta ya como uno de los hitos recientes en la trayectoria del diestro cigarrero en esta plaza.
Una vez que volvió la calma, OneToro quiso contar con el testimonio de Marcos Núñez, quien sin pensárselo dos veces se levantó para ceder su silla al diestro de La Puebla del Río: «Ha sido algo único; este torero es algo fuera de serie en cuanto a personalidad y profundad. Es el mejor que he visto. Le tenemos que agradecer lo que está haciendo por el toro, ha hecho mucho por la fiesta».







