La candidata que no entiende lo que vota
Por Eduardo Arredondo
Hay políticos que se equivocan. Y luego están los que ni siquiera entienden en qué se equivocan. En ese terreno peligroso —y francamente irresponsable— se mueve la hoy con licencia senadora Andrea Chávez.
Lo de las casetas no fue un desliz. Fue un retrato.
Salir a denunciar con estridencia el aumento en tarifas, señalando al Gobierno del Estado, cuando esos incrementos provienen de lineamientos federales impulsados por su propio partido, no es solo incongruencia. Es ignorancia… o cinismo. Y en política, ambas cosas cuestan.
Porque no estamos hablando de un tema menor. Estamos hablando de decisiones que impactan directamente el bolsillo de miles de chihuahuenses. Y quien ocupa —o ocupaba— un escaño en el Senado tiene la obligación básica de saber de dónde vienen esas decisiones.
Pero no. Aquí primero se acusa y luego, si acaso, se investiga.
Tuvo que salir José de Jesús Granillo a hacer lo que la senadora no hizo: explicar. Con datos, no con videos. Con hechos, no con likes. La instrucción fue federal. Punto.
Y entonces la pregunta ya no es incómoda. Es inevitable: ¿vota sin leer o solo critica sin entender?
La licencia de la nada
Y justo cuando el ruido la alcanza, viene el anuncio: licencia para buscar la gubernatura en 2027.
Perfecto.
Pero antes, una duda básica: ¿qué deja como senadora?
Porque su paso por el Senado no se mide en resultados, sino en exposición. No en iniciativas relevantes, sino en confrontaciones mediáticas. No en gestión, sino en campaña permanente.
La propia Andrea Chávez dice que se va para no “enamorarse del cargo”. Difícil enamorarse de algo que nunca se ejerció a plenitud.
No es que deje el puesto. Es que nunca lo habitó políticamente.
Indignación de utilería
Lo verdaderamente grave no es el error. Es el patrón.
Indignación cuando conviene. Silencio cuando incomoda. Discurso cuando suma. Omisión cuando cuesta.
Se alza la voz por las casetas, pero no por los recortes, no por el abandono al campo, no por las decisiones federales que afectan directamente al estado que dice defender.
Eso no es oposición. Eso es cálculo.
Un cálculo que apuesta a algo muy concreto: que la memoria del ciudadano sea corta y la imagen lo suficientemente fuerte para tapar la falta de fondo.
Candidata sin sustancia
Hoy, Andrea Chávez deja el Senado para convertirse en candidata de tiempo completo. Pero no lo hace desde los resultados, sino desde la narrativa.
Desde el video. Desde la frase. Desde la confrontación.
Porque cuando no hay fondo, se recurre a la forma.
El problema es que Chihuahua no se gobierna con clips ni con discursos reciclados.
Se gobierna con conocimiento, con responsabilidad… y, sobre todo, entendiendo lo que se vota.
Al final, esto no es un ataque. Es un diagnóstico.
Porque si alguien aspira a gobernar un estado, lo mínimo exigible es que entienda las decisiones que afectan a su gente.
Y hoy, la duda ya no es política.
Es básica.
¿Sabe realmente lo que hace… o solo actúa como si supiera?







