¿Y si sí se va Infantino de la FIFA?
Eduardo Arredondo Delgado
Una llamada telefónica del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump a un alto directivo de la FIFA (Infantino) cambió todo, junto a los procesos administrativos de la FIFA. Libró y anuló, una tarjeta roja (de expulsión) al jugador estadounidense de ascendencia nigeriana, Folarin Balogun, quien salió del partido entre Estados Unidos y Bosnia Herzegovina al minuto 64, luego de una entrada muy ruda y hasta salvaje deportivamente hablando.
Nunca, pública y descaradamente se había visto que un político intercediera por un jugador de futbol en una Copa Mundial para rescatar a su artillero favorito. No sería extraño que el mismo Trump, un polémico mandatario que no se guardar nada, haya o tenga activos en negocios con la FIFA. Es casi imposible que, en pocos años, Donald Trump haya incrementado su fortuna en más de 2 mil millones de dólares según informes periodísticos.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA por ahora, está en el ojo del huracán al haber “perdonado”, una tarjeta roja. Es entonces que el poder político tiene más peso sobre cualquier deporte según lo acontecido y entre sobornos ¿Cuál es la legitimidad y libertad de una disciplina deportiva frente al poder político?
Las críticas no se hicieron esperar y hay señalamientos como los de Joseph Blatter (ex presidente de FIFA) y los reproches de la misma UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol), donde no dan crédito que algo así pudiese pasar en el futbol contemporáneo o al menos antes se hacía a discreción. Solo que los comentarios de Blatter no tienen mucho sustento porque se le vinculó a una red de corrupción cuando se supone que hizo pagos ilegales al ex astro francés, Michel Platini, cuando este estaba al frente de la UEFA. Hasta que ambos fueron absueltos años después, pero la mancha quedó registrada en el intercambio de recursos ilegales.
Ya vendrán más críticas severas al actuar de Infantino y su puesto como presidente quedaría en medio de una cuerda floja. Aunque confiado cree que terminara bien con esta edición del Mundial de Futbol.
Infantino, de ascendencia suizo-italiana, uno de los más serviles soldados de Trump, no dudaría en hacer lo que quiera el presidente de los Estados Unidos de América y aunque no haya tradición futbolera en el país vecino, Infantino lo que busca es recaudación y promoción, porque la FIFA es un órgano político no deportivo.
Los actos de corrupción no son nuevos, en “El lado oscuro del futbol” (2013) se afirma: La máquina para hacer dinero creada por Havelange y afianzada por Blatter en la FIFA quizá sea la ruina del deporte como lo conocemos.
La privatización del futbol es un fenómeno global en la medida en que las personas gastan cada vez más en el entretenimiento, de acuerdo con esta publicación que reveló los actos más corruptos en la Confederación Brasileña de Futbol (CBF).
Ahora resulta que el futbol que se puede practicar con un balón y dos porterías hechizas cambió de formas. De un humilde juego a un partido elitista manipulado por un organismo gansteril: FIFA, cuya empresa tiene el oficio de manipular, de someter y de lucrar a través de su socio no menos corruptor, Coca Cola con su sede en Atlanta, Georgia y aunado al poder de las televisoras que solo transmiten pocos juegos en la señal abierta para dar dádivas a un público que no puede acceder a un paquete televisivo o de streaming.
No cualquier ciudadano, como un funcionario local, Fernando Álvarez Monje, secretario particular de la gobernadora, María Eugenia Campos, puede pagar, acceder a boletos de 100 mil pesos o más, para ver en directo un juego de esta naturaleza como México vs Inglaterra en el estadio Mx antes estadio Azteca, más gastos del viaje y de su esposa, una regidora blanquiazul, Isela Martínez quien ha impulsado pocas iniciativas, casi todas, completamente intrascendentes.
Para poder entender un poco más de la corrupción en el futbol, hay que comprender que el dinero y el poder son su origen.
Pelé, la gloria brasileña del balompié muchas veces denunció estos abusos sin siquiera ser escuchado y murió derrotado frente a la corrupción, pese a que en su momento la FIFA fue liderada por su compatriota, Joao Havelange, quien fue un instrumento corruptor. Tan es así que su yerno, Ricardo Teixera saqueó a la Confederación Brasileña de Futbol y pocas voces lo pudieron denunciar. Tranquilo sin ser molestado pudo adquirir una finca con vistas al mar en el estado de la Florida en Estados Unidos.
Para tener una idea, el mundial de Brasil debió superar los 30 mil millones de reales (1 real equivale a 3.30 pesos mexicanos aproximadamente), 70 % de los cuales fue dinero público, según El Lado Oscuro del Futbol.
A los dueños del balón no les importa la difusión del deporte, lo que les importa es el consumo y los resultados traducidos en dinero, en un negocio que incremente sus cuentas bancarias y para eso tienen a sus porristas, comentaristas pagados para desinformar, manipular y enaltecer. Y en México no es la excepción.







