Urdiales y Aarón Palacio: Toreo con poso y juventud en Logroño
Logroño, La Rioja. – La plaza de toros de La Ribera vivió una tarde redonda con el mano a mano entre Diego Urdiales y el joven Aarón Palacio, que salieron juntos por la Puerta Grande tras firmar una faena de gran contenido con una interesante corrida de Núñez del Cuvillo.
La cita, que se vio alterada por las bajas de última hora de Roca Rey y Pablo Aguado, no perdió ambiente ni asistencia: tres cuartos de entrada y un público entregado desde el paseíllo al son de Zapato de Oro. Un festejo donde se enfrentaron dos estilos: la madurez y la profundidad de Urdiales frente a la ambición fresca del aragonés Palacio.
Urdiales: El sabor del toreo reposado
El riojano abrió plaza con una faena de mucho calado. El primero de su lote fue un toro codicioso y exigente, especialmente por el pitón izquierdo, por donde Urdiales firmó naturales de enorme templanza y trazo curvo que hicieron vibrar los tendidos. Una gran estocada puso las dos orejas en su esportón.
Con su segundo, un toro de embestida menos definida, Urdiales volvió a brillar con su toreo clásico. Supo aprovechar la nobleza en el embroque pese a las dificultades al final de los muletazos. El quinto de la tarde, más fino de hechuras, permitió una faena de regusto, donde el diestro volvió a saborear el toreo despacio, con aroma y hondura. Otra estocada soberbia le valió una oreja más, aunque el público pidió con fuerza la segunda.
Aarón Palacio: Juventud con peso
El aragonés Aarón Palacio afrontó su tercera corrida en cuatro días y lo hizo con solvencia y ambición. Se mostró firme, dispuesto y con una cabeza muy clara para su escasa experiencia como matador.
Cortó una oreja al cuarto tras una faena valiente y bien medida, donde destacó su toreo al natural y el temple en la recta final. El sexto, el mejor toro del encierro, le permitió desatarse con una faena intensa, comenzada de rodillas y rematada con circulares y manoletinas antes de una estocada efectiva. El público le premió con dos orejas.
Frente al segundo, el más complicado de la corrida, Palacio supo domeñar con doblones y firmeza los viajes descompuestos, mostrando madurez y decisión.
Tarde de brindis al futuro
La corrida de Núñez del Cuvillo tuvo toros de juego interesante, con fondo y posibilidades, aunque desiguales en hechuras y embestidas. Fue suficiente para que dos toreros de generaciones distintas demostraran que el toreo, como el buen vino riojano, puede tener poso y juventud a la vez.
Diego Urdiales mostró una vez más su elegancia serena, mientras que Aarón Palacio dejó claro que Aragón tiene torero para rato. La Ribera vivió una tarde con argumentos para brindar: por el presente y por lo que está por venir.







