No La vinculación entre el mundo del toro y la Iglesia forma parte de una tradición secular en España. Durante siglos, la fe y la tauromaquia han caminado de la mano, algo que hoy en día se sigue dando. Gran parte de las ferias taurinas giran en torno a su patrón o patrona, compartiendo calendario y significado la celebración religiosa y el festejo taurino; una cita que, para unos, es cultural y, para otros, profundamente espiritual.
La fe católica está presente en cada rincón de la plaza. En la capilla, donde los toreros rezan antes de vestirse de luces; en el paseíllo, cuando muchos se santiguan o dibujan la señal de la cruz sobre el albero; en ese deseo de suerte que trasciende lo meramente protocolario. Está en el silencio contenido del ruedo, en los bordados de los trajes de luces o en el gesto íntimo de santiguarse justo antes de que se abra la puerta de chiqueros. Todo está profundamente vinculado, incluso esa vuelta al hotel donde han dejado encendida una vela junto a una improvisada capilla.
En ese cruce de caminos entre la fe católica y la tauromaquia se sitúa la figura del conocido ‘cura torero’. Dos años después de su última presencia en Ciudad Rodrigo, el sacerdote extremeño Víctor Carrasco ha vuelto a torear en el Carnaval del Toro. Habitual de esta cita, en la que ya participó en 2024, el párroco ha permanecido varios días en la localidad, viviendo de cerca cada encierro y cada capea celebrados en su coqueta plaza de toros desmontable. Su imagen, con sotana y avíos de torear, forma ya parte del imaginario de una fiesta que mezcla tradición taurina y devoción popular.
Fue en el último toro de la capea matinal del pasado lunes cuando sorprendió a los asistentes. Lo hizo, esta vez sin sotana, ante un astado de la vacada salmantina Hermanos Sánchez Herrero, la misma ganadería a la que pertenecía el popular “Toro del Aguardiente”, soltado a las nueve de la mañana en la capea tradicional entre la Plaza Mayor y el Registro, a través de la calle Madrid.
Pero su relación con el mundo del toro va más allá de estas intervenciones puntuales en el campo y en este tipo de capeas. Víctor Carrasco, nacido en Real Duque, es párroco de Garlitos, El Risco y Capilla, en la provincia de Badajoz, y defiende con naturalidad la unión entre los toros y la fe católica. Una conexión que vivió de manera especialmente intensa el pasado 8 de septiembre, Día de Extremadura, durante la corrida celebrada en Don Benito, donde bendijo a Morante de la Puebla.
“Fue una tarde magnífica, impresionante, indescriptible, única e irrepetible. O, al menos, eso creo. Fue en la corrida de Don Benito, el 8 de septiembre de este año. Yo acudía invitado por el empresario, Joaquín Domínguez, y por su hijo, Carlos Domínguez. En ese momento, cuando me hizo salir al ruedo, le dije que rezábamos por él, por su salud, y le di las gracias por ser un ejemplo para mucha gente en el mundo del toreo”, recuerda el sacerdote sobre aquel instante en una entrevista concedida a Ecclesia COPE.
La escena culminó con una petición inesperada de un torero que se iba a jugar la vida ante un astado de Virgen María. “Él me dijo: ‘Padre, si no le importa, ¿me puede dar la bendición?’. Entonces, claro, darle la bendición a un genio del toreo, el mejor torero de la historia que nos está tocando vivir, que es Morante, delante de tantas miles de personas, pues fue algo que yo creo que caló el corazón de mucha gente y que te hace pensar”.







