UN RECTOR ECHANDO CULPAS
Resulta curioso que, después de varios años al frente de la Universidad, ahora se pretenda que el STSUACH viaje a la Ciudad de México para encontrar en la Federación la solución a asuntos que corresponden a la propia administración universitaria.
El día de ayer, 21 de septiembre, acudimos a la Ciudad de México a petición del propio Rector, para atender una reunión ante autoridades federales y abordar precisamente los asuntos que durante su gestión siguen pendientes.
Al parecer, la fórmula es sencilla: si no se resuelve en casa, habrá que buscar a quién pasarle la responsabilidad.
Tal vez esa estrategia funcionó anteriormente. Con esta Secretaria General no.
En diversas ocasiones se me ha pedido públicamente hablar de que hacemos “equipo” con el Rector. Mi respuesta ha sido la misma: el Sindicato puede dialogar, negociar y construir acuerdos con la Rectoría, pero no está para hacer equipo político con ninguna administración. Está para representar a sus trabajadores.
Y aclaremos algo, porque parece necesario:
El STSUACH no fue a la Ciudad de México a “sacarle siete millones de pesos a la Federación”, ni afirmó que las y los trabajadores administrativos de la UACH estén por debajo del salario mínimo.
Fuimos convocados sin información clara sobre la instancia y oficina en la que seríamos recibidos. Finalmente, presentamos ante personal de la Dirección de Fortalecimiento Institucional documentación y sustento técnico sobre la compresión vertical y horizontal del tabulador, el rezago de las categorías A y B y las recategorizaciones pendientes.
Tampoco planteamos trasladar mecánicamente el incremento al salario mínimo a todos los salarios contractuales. Lo que defendemos es una estructura salarial que reconozca categoría, jornada, puesto, responsabilidad y funciones.
La autoridad federal explicó que actualmente no existen recursos extraordinarios disponibles y que los recursos federales destinados a incrementos salariales tienen un objeto determinado.
Pero aquí viene la parte que parece olvidarse cuando resulta conveniente:
La administración de los recursos de la Universidad corresponde a la Universidad.
El cumplimiento de los compromisos derivados del Contrato Colectivo corresponde a la Universidad.
La negociación laboral con sus trabajadores corresponde a la Universidad.
Así que pongamos cada responsabilidad en su lugar.
El Sindicato no administra la UACH.
El Sindicato no ejerce su presupuesto.
El Sindicato no autoriza plazas.
El Sindicato no realiza las justificaciones administrativas ante las auditorías.
El Sindicato representa y defiende a las y los trabajadores.
Resultó particularmente preocupante escuchar al propio Rector señalar durante la reunión que no encuentra cómo justificar determinadas recategorizaciones ante una auditoría y preguntar a esta representación sindical cómo podrían justificarse.
La pregunta entonces es inevitable:
¿Ahora también corresponde al Sindicato enseñarle a la administración cómo justificar administrativamente las decisiones laborales de la propia Universidad?
Porque administrar la Universidad tampoco aparece entre las funciones de esta Secretaría General.
Y hablemos de dinero.
Para 2026, el Presupuesto de Egresos del Estado registra $2,150,187,772 para la Universidad Autónoma de Chihuahua.
Por eso, antes de reducir toda la discusión a “no hay dinero”, vale la pena formular una pregunta mucho más seria:
¿Cómo se están distribuyendo y priorizando los recursos?
Mientras nuestra organización representa aproximadamente a 1,068 trabajadores sindicalizados, la Universidad cuenta con una estructura considerable de personal de confianza. Por ello hemos sostenido que debe realizarse una revisión integral y transparente del crecimiento de esa estructura frente al personal sindicalizado y del impacto presupuestal correspondiente.
No afirmamos que esos más de dos mil millones de pesos puedan destinarse libremente a salarios —los presupuestos tienen partidas, fuentes y destinos específicos—. Precisamente por eso exigimos transparencia suficiente para saber qué recursos existen, cómo se ejercen y cuáles son las prioridades institucionales.
Tampoco aceptamos que se presente el Fideicomiso de Jubilaciones y Pensiones como si fueran “las finanzas del Sindicato”.
Esta dirigencia ha impulsado su reestructuración y se analiza incluso elevar la aportación de los propios trabajadores del 6.75 % al 9.75 % para fortalecer su jubilación futura.
Y ahí surge otra pregunta bastante sencilla:
Si al trabajador sí se le puede pedir que aporte más, ¿por qué resulta tan complicado atender su salario presente?
Las categorías A y B siguen pendientes.
Las recategorizaciones siguen pendientes.
La recuperación de la estructura salarial sigue pendiente.
Fuimos a la Ciudad de México con documentos, antecedentes y propuestas.
No fuimos a pedirle a la Federación que hiciera el trabajo de la administración universitaria.
Fuimos a defender el salario y los derechos de quienes representamos.
Así que, antes de seguir buscando culpables en la Federación o en el Sindicato, quizá convendría responder una pregunta mucho más cercana:
Después de estos años de gestión, ¿por qué siguen sin resolverse problemas laborales que corresponden a la propia Universidad?
El Sindicato hará su trabajo.
Esperamos exactamente lo mismo de quienes administran la Universidad.
“LA LIBERTAD SE CONSIGUE LUCHANDO”
Conchita Rodríguez







