Eduardo arredondo
En medio de polémicas internas, decisiones cuestionadas y señalamientos por inconsistencias políticas, la diputada local Rosana Díaz confirmó su salida de Morena, marcando así un rompimiento que deja más dudas que certezas dentro del grupo parlamentario.
La legisladora anunció que su destino más probable sería el Partido Verde, aunque aclaró que el cambio aún no se concreta debido a procesos internos pendientes. Sin embargo, su salida ya es un hecho político que sacude el tablero local.
Díaz justificó su decisión argumentando diferencias al interior de Morena, donde aseguró no haber sido bien recibida. No obstante, al interior del propio partido, su postura ha sido señalada por ir en contra de iniciativas clave, incluyendo el rechazo a propuestas impulsadas por la misma bancada que la llevó al poder.
Actualmente, la diputada se encuentra a la espera de una resolución por parte de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena, tras una denuncia interna. Según explicó, ya fue notificada y respondió al proceso, por lo que en los próximos días se definirá si enfrenta alguna sanción.
Uno de los puntos más polémicos del caso fue la intención de imponerle medidas para que guardara silencio, lo cual finalmente fue desechado por el Instituto Estatal Electoral de Chihuahua, permitiéndole pronunciarse públicamente.
A pesar de asegurar que mantiene buena relación con actores de Morena, su salida evidencia fracturas internas y una evidente falta de cohesión dentro del grupo legislativo.
Hoy, Rosana Díaz se va… pero no en silencio. Se va en medio de cuestionamientos, dejando atrás un partido al que llegó bajo sus siglas, pero del que ahora se deslinda sin asumir del todo el costo político.
La gran pregunta queda en el aire: ¿será bienvenida en otra fuerza política o su historial pesará más que sus intenciones?
Porque en política, cambiar de camiseta no borra el pasado… y mucho menos cuando se hace —dicen— sin dar la cara.







