¿QUIÉN MANDA REALMENTE EN CHIHUAHUA?
El narco aparece en el octavo lugar. Y mientras unos presumen estadísticas, otros preguntan quién controla el territorio.
Por Eduardo Arredondo
Hay números que dan orgullo.
Y hay números que dan miedo.
Este da de los dos.
Un análisis sobre el control criminal coloca a Chihuahua en el octavo lugar nacional, con 64 puntos en un índice relacionado con el poder territorial del crimen organizado.
¡Qué bonito reconocimiento!
Lástima que no haya trofeo.
Ni medalla.
Ni foto para presumir.
Porque aquí no estamos hablando de quién tiene más seguidores.
Estamos hablando de quién tiene más control.
Y esa diferencia importa.
Mucho.
LA PREGUNTA DEL MILLÓN
Mientras en los discursos oficiales escuchamos palabras como estrategia, coordinación, inteligencia y resultados, alguien debería hacer una pregunta muy sencilla:
¿Quién manda en las regiones donde el crimen tiene presencia?
Porque gobernar desde un escritorio es relativamente fácil.
Lo difícil es garantizar que la autoridad sea la autoridad allá afuera.
En la carretera.
En la sierra.
En las comunidades.
En los negocios.
En los municipios.
Ahí es donde se mide el verdadero poder.
MENOS HOMICIDIOS. MUY BIEN. ¿Y EL RESTO?
Que bajen los homicidios es una buena noticia.
Nadie puede negarlo.
Pero tampoco podemos confundir una estadística con la derrota del crimen organizado.
Porque el narco también sabe hacer matemáticas.
Cuando conviene, dispara.
Cuando conviene, cobra.
Cuando conviene, amenaza.
Y cuando conviene…
se queda calladito.
El silencio criminal tampoco significa paz.
A veces significa negocio.
EL NARCO NO NECESITA CARGO PÚBLICO
Y aquí viene la parte incómoda.
El crimen organizado no necesita ser candidato.
No necesita fuero.
No necesita oficina.
No necesita aparecer en la boleta.
Le basta con tener influencia.
Con tener dinero.
Con tener armas.
Con tener operadores.
Y, sobre todo…
con tener miedo de su lado.
Porque donde la gente tiene miedo de denunciar, alguien más está ocupando el espacio que debería ocupar la autoridad.
¡QUÉ COSA!
Resulta que Chihuahua puede presumir avances en seguridad…
Y al mismo tiempo aparece en un análisis nacional entre los estados con mayor nivel de control criminal.
¿Contradicción?
No necesariamente.
Pero sí una razón para abrir los ojos.
Porque una cosa es reducir la violencia.
Y otra muy diferente es desmantelar el poder criminal.
No confundamos.
EL PROBLEMA NO SIEMPRE HACE RUIDO
El crimen organizado no siempre llega haciendo ruido.
A veces llega en silencio.
Una llamada.
Una amenaza.
Una cuota.
Un negocio que cierra.
Un empresario que mejor no denuncia.
Un ciudadano que dice:
“No te metas.”
Y listo.
El expediente no siempre aparece.
Pero el miedo sí.
¿Y LOS POLÍTICOS?
Aquí es donde comienza el baile.
Porque cuando hay elecciones todos quieren hablar de seguridad.
Todos quieren salir en la foto.
Todos tienen una estrategia.
Todos tienen un diagnóstico.
Todos prometen mano firme.
Pero después viene la realidad.
La seguridad no se resuelve con discursos de campaña.
Ni con una fotografía junto a una patrulla.
Ni con una conferencia de prensa.
Ni con el clásico:
“Estamos trabajando”.
La ciudadanía quiere algo mucho más sencillo:
vivir tranquila.
NO QUEREMOS UN CHIHUAHUA DE DOS VELOCIDADES
Uno donde el Gobierno diga que todo está bajo control.
Y otro donde la gente diga en voz baja:
“Aquí mejor no preguntes.”
Porque si existen territorios donde la autoridad tiene que pensarlo dos veces antes de entrar…
Tenemos un problema.
Y si el ciudadano tiene que pensarlo diez veces antes de denunciar…
Tenemos un problema todavía mayor.
EL OCTAVO LUGAR DEBERÍA INCOMODAR
No para hacer amarillismo.
Para hacer preguntas.
Preguntas que quizá no sean muy populares.
Pero necesarias.
¿Dónde está el dinero?
¿Quién cobra?
¿Quién protege?
¿Quién lava?
¿Quién informa?
¿Quién se beneficia?
¿Quién permite que las estructuras sigan funcionando?
Y la pregunta que nadie debería esquivar:
¿QUIÉN MANDA REALMENTE EN CHIHUAHUA?
Porque si la respuesta es el Estado…
que se note.
Y si alguien más está intentando mandar…
que se le ponga un alto.
Sin discursos.
Sin simulaciones.
Sin hacerse los sorprendidos.
Porque Chihuahua no necesita funcionarios expertos en explicar la violencia.
Necesita autoridades capaces de impedirla.
Y esa…
señoras y señores…
es una diferencia enorme.
Por Eduardo Arredondo
EGO CHIHUAHUA







