En primer lugar, Morante de la Puebla, máxima figura del toreo y, para muchos, el mejor torero que han visto, por no decir de la historia. Su presencia vuelve a ser sinónimo de expectación, clasicismo y magnetismo, con una capacidad única para cambiar el sino de una tarde con un solo muletazo. Junto a él, Andrés Roca Rey, figura del toreo y, hoy por hoy, uno de los diestros más taquilleros del momento, además de uno de los espadas con mayor predicamento entre el gran público. Su concepto poderoso y su capacidad de conexión con los tendidos lo mantienen como uno de los grandes nombres del escalafón.
También ha destacado David de Miranda, espada que, tras años de esfuerzo y de cierta marginación en los carteles, se ha ganado un sitio en las grandes ferias, triunfando por la Puerta del Príncipe por segundo año consecutivo con la ganadería de El Parralejo, premiada por gran parte de los jurados. Por último, Borja Jiménez, figura incipiente, logró salir a hombros con dos orejas por la Puerta de Cuadrillas y sólo la espada evitó dos Puertas del Príncipe el sábado de preferia y Lunes de Farolillos. Su nombre, pese a los borrones con el acero, sigue consolidándose como uno de los más firmes valores del futuro inmediato y asentándose entre los grandes del escalafón. Su feria, más allá de los números, se sostiene en la regularidad y en la sensación de torero plenamente capacitado para pelear de tú a tú con las figuras.
Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey, David de Miranda y Borja Jiménez: póker de ases en Sevilla

En esa primera parte del abono hispalense, entre tardes redondas y otras de lectura más compleja, han sobresalido cuatro nombres con claridad. Un póker de toreros que ha sostenido el interés del abono: Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey, David de Miranda y Borja Jiménez. Matadores de toros que dieron un paso adelante en un abono en el que han embestido un gran número de animales, tanto de ganaderías predilectas de las figuras como de otras que no lo son tanto.
Morante de la Puebla ha sido, una vez más, el torero que más pasión ha despertado en el coso hispalense. Ha sumado tres tardes de gran contenido: dos orejas en Resurrección y una labor de notable peso a un toro de Álvaro Núñez que, de haber acertado con la espada, habría tenido el premio de los máximos trofeos. Un compendio de suertes antiguas con capote, banderillas y muleta. Añadió otra oreja a su esportón ante la corrida de Matilla, sufriendo además una grave cornada cuando toreaba de capa al cuarto.

Roca Rey ha sumado un total de cuatro orejas en tres tardes, tres actuaciones en las que, con sus cimas y sus simas, acabó alcanzando un nivel notable en su última tarde. Cortó una oreja en Resurrección a un animal de Garcigrande, otra al quinto de Domingo Hernández días después, y firmó su actuación más relevante ante un toro de Victorino del Río. Un animal áspero por su exigencia, un toro con el que tiró la moneda y al que sometió con poder y enorme valor. Tras el grave percance, su cuadrilla le llevó las dos orejas a la enfermería.
David de Miranda ha sido otro de los protagonistas de este abono, pasando de un inicio sin premio en Resurrección a una tarde de gran rotundidad frente a la corrida de El Parralejo. Allí cortó tres orejas, con especial relieve en la faena al tercero, toro premiado con la vuelta al ruedo. Una labor de alta nota por lo acontecido en el ruedo. La del sexto fue una actuación de gran verdad ante un toro complejo, en la que volvió a cruzar la raya para pasear una oreja de peso.

Borja Jiménez ha sido otro de los nombres propios del ciclo, aunque su balance no refleje del todo su dimensión en la plaza. En el mano a mano con Manuel Escribano frente a los Victorinos dejó una actuación de gran peso que el fallo con la espada redujo en premios. Por su parte, el lunes del Alumbrado volvió a rayar a gran altura ante tres animales con distintos matices, uno de ellos por el percance de Morante.







