Controversial …
“Otro mundo es posible”
1. El mundo distinto no es solo deseable, es inevitable.
2. Barcelona – Davos.
Por: Raúl Sabido.
“La frase “otro mundo es posible ” no es una utopía ingenua, sino una hoja de ruta que interpela a gobiernos y sociedades a reducir la militarización, fortalecer la democracia y apostar por la sostenibilidad y el humanismo. En tiempos de incertidumbre, este mensaje se convierte en brújula ética y política para quienes creen que el futuro aún puede escribirse con esperanza y humanidad.”
> Otro mundo es posible:
En Barcelona, durante la Cumbre en “Defensa de la Democracia”, la presidenta Claudia Sheinbaum pronunció una frase que se convirtió en eje de reflexión: “otro mundo es posible”. No fue un gesto retórico, sino un llamado a imaginar un futuro distinto y humanista, en un espacio donde convergieron voces progresistas de América Latina y Europa.
La cumbre fue promovida por líderes como Luiz Inácio Lula da Silva, Gustavo Petro, Gabriel Boric quienes invitaron a participar a Claudia Sheinbaum, y tuvieron como anfitrión al presidente español Pedro Sánchez, quien abrió la reunión con una advertencia clara: “haremos lo que sea para defender la democracia”. Sánchez subrayó que la preocupación solo observa, mientras que la responsabilidad actúa, marcando con ello el tono de urgencia que atravesó toda la jornada.
Sheinbaum, al definirse como “mujer de paz”, cuestionó el gasto militar mundial y propuso destinar un porcentaje a la reforestación urgente y necesaria del planeta. Su planteamiento se enlazó con las voces de Lula, Petro y Boric, quienes coincidieron en que la democracia debe ser defendida con más participación ciudadana y menos imposiciones externas. Todos ellos recordaron que la democracia no se sostiene en la fuerza de las armas, sino en la fuerza de los pueblos.
> La frase “otro mundo es posible”, adquiere entonces necesariamente un sentido colectivo:
No es solo la visión de México, sino la de una Latinoamérica progresista que busca ser laboratorio de alternativas frente a la crisis climática, la desigualdad y la polarización política, la militarización y el despojo. Lula, Petro, Boric, Sánchez y Sheinbaum hicieron énfasis en justicia, fraternidad y responsabilidad que encarnan la esperanza de que la región pueda ofrecer respuestas distintas al modelo dominante.
En tiempos de incertidumbre, este mensaje se convierte en brújula ética y política. “Otro mundo es posible” no es una utopía ingenua, sino una hoja de ruta que interpela a gobiernos y sociedades: reducir la militarización, fortalecer la democracia y apostar por la sostenibilidad. La cumbre de Barcelona nos recordó que, cuando las voces progresistas se unen, la posibilidad de ese otro mundo deja de ser un sueño y empieza a ser una construcción compartida. El planeta es de todos, es responsabilidad de todos y de beneficio para todos con responsabilidad.
> En Davos se dijo que el viejo orden no volverá:
Un año antes, en el Foro Económico Mundial de Davos, el primer ministro de Canadá Mark Carney advirtió que el mundo no vive una transición, sino una ruptura. “El viejo orden no volverá”, afirmó, subrayando que la nostalgia no es estrategia y que quienes no se sientan en la mesa de negociación corren el riesgo de convertirse en “el plato principal”.
El discurso de Carney, Primer Ministro de Canadá, en Davos, fue un llamado a reconocer que la arquitectura internacional actual es insostenible, que la integración económica se ha usado como arma, y los aranceles como instrumentos de presión, donde los intereses y las tensiones geopolíticas han desdibujado las reglas internacionales del juego. Frente a ello, planteó la necesidad de un mundo diferente, construido sobre cooperación, confianza y responsabilidad compartida.
> Conexión Barcelona–Davos:
La fuerza de la frase de Sheinbaum en Barcelona de “otro mundo es posible” se potencia al conectarla con el mensaje del canadiense Mark Carney en Davos donde Barcelona es esperanza y visión de un futuro alternativo y Davos es urgencia y certeza de que el viejo orden ya terminó.
Barcelona y Davos nos ofrecen, uno la brújula ética, el otro el punto de no retorno. Juntos, los discursos, dibujan una narrativa global que interpela a gobiernos y sociedades donde el mundo distinto no es solo deseable, es inevitable.
> Las revelaciones en un mundo convulso:
La coincidencia entre Barcelona y Davos revela que la narrativa progresista ya no es marginal, sino va siendo ya parte de un consenso universal y emergente. Se identifican, y clarifican, los objetivos de reducir la militarización, fortalecer la democracia y apostar por la sostenibilidad. La esperanza de Claudia Sheinbaum y la advertencia del Primer Ministro canadiense Mark Carney se complementan, son coincidentes: “otro mundo es posible porque el viejo mundo ya está dejando de existir”.
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, con sus repercusiones inmediatas en el suministro energético, es un ejemplo claro de cómo el viejo orden mundial se fractura.
La coincidencia entre los discursos de Barcelona y Davos adquiere un sentido tangible frente a la crisis energética que se avecina. El conflicto en Medio Oriente no solo es un enfrentamiento militar, sino un catalizador de un apagón energético que definirá el rumbo de la economía mundial.
Para unos países, será un apagón forzoso, consecuencia directa de la dependencia energética y de la vulnerabilidad de sus sistemas.
Para otros, será un apagón estratégicamente necesario que, aun teniendo petróleo requerirán reducir sus consumos buscando su sostenibilidad energética interna.
Este escenario confirma lo que Sheinbaum expresó en Barcelona: “otro mundo es posible”. Y lo que el primer ministro canadiense advirtió en Davos: “el viejo orden no volverá”. La guerra, y sus efectos energéticos, muestran que el viejo modelo de seguridad y abastecimiento ya no garantiza estabilidad y la hegemonía ya no garantiza seguridad.
> La conexión y reflexión es contundente:
Davos y Barcelona
Barcelona nos ofreció la esperanza de un mundo distinto, construido sobre paz y sostenibilidad. Davos nos advirtió que el viejo mundo ya no existe y que la ruptura es inevitable.
El conflicto energético actual nos demuestra que esa ruptura no es teórica, sino real, y que la urgencia de construir un nuevo orden basado en cooperación, respeto y justicia es más apremiante que nunca.
En este sentido, la frase se resignifica: “ otro mundo es posible porque el viejo mundo ya está dejando de existir” . La pregunta que queda abierta es si ese nuevo mundo será fruto de la solidaridad, democracia y responsabilidad o si será impuesto por las hegemonías que puedan resurgir y que hoy también están lucrando con la crisis.
Barcelona nos recordó que otro mundo puede construirse; Davos nos advirtió que el viejo mundo estaría dejando de existir. Entre la esperanza y la urgencia, la decisión está en nuestras manos: o permitimos que las hegemonías lucren con la crisis, o asumimos la responsabilidad de forjar un futuro basado en solidaridad, democracia y sostenibilidad. Porque otro mundo es posible, y el viejo mundo ya está dejando de existir.







