¡OREJAS DE POCO PESO PARA DE JUSTO Y RUFO!
Los trofeos no siempre reflejan la dimensión de una faena; la exigente afición taurina mide algo más que el corte de orejas.
Los matadores Emilio de Justo y Tomás Rufo consiguieron cortar orejas, aunque los trofeos dejaron una sensación de escaso peso artístico frente a las expectativas de la jornada.
En la tauromaquia, las orejas son uno de los reconocimientos más visibles, pero no siempre bastan para medir la dimensión de una actuación. La calidad del toreo, la profundidad de las faenas, la conexión con los tendidos y la importancia de lo realizado ante el toro son factores que también pesan en el balance de una corrida.
Para los aficionados más exigentes, el resultado numérico puede quedarse corto cuando no viene acompañado de una faena verdaderamente rotunda.
Tras un inicio de faena con las dos rodillas en tierra, en las que el de Montalvo se rebrincó, De Justo se limitó a acompañar, con medios pases, las primeras y claras inercias de esas arrancadas, sin acabar de sujetar después la tendencia del toro a las tablas, donde además lo mató de una estocada baja que demeritó más lo poco concretado anteriormente y no justificó ni la petición ni la concesión del trofeo.
Ese público amable que ahora se sienta en los tendidos zaragozanos, tan distinto del que era conocido por su dureza y exigencia en otras épocas, también quiso premiar con idéntica holgura el trasteo de Tomás Rufo al sexto, que escarbó y tardeó en los primeros tercios pero que sacó también cierta movilidad, aun sin gran clase, en el último.
El toledano optó por no estorbar de partida esa movilidad del toro en la muleta, con la que desde el primer momento le empalmó pases ligeros desde la comodidad de la pala del pitón en las tres tandas que precedieron a un par de ellas de naturales, de las que la última, con el animal ya más apagado, tuvo mayor mérito al llevarle más toreado desde el cite hasta el remate.
En todo caso, no pareció suficiente para, tras unas mondeñinas aparatosas y otra estocada defectuosa, le dieran esa última oreja que no había podido cortar al tercero, un hondo y astifino castaño lastrado de fuerzas en los cuartos traseros y que se apagó pronto. En cambio, De Justo sí tuvo mejor ocasión para hacerlo con el que abrió plaza, el de más duración, al que pegó muchos pases con poco poso.
Entre medias de ambos “triunfadores”, tocó turno a Borja Jiménez, al que el segundo no le dejó más que lucirse en una buena tanda con la zurda antes de desfondarse por completo, y que luego tuvo que abreviar con el quinto, sustituto de un titular devuelto por dañarse contra un burladero, que se paró afligido y tal vez lastimado en cuanto tocaron a matar.
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