¿Nómina o lealtad?
Por Eduardo Arredondo
¡Aguas con la nómina!
Porque una cosa es salir a tocar puertas para ganar votos y otra muy distinta es tocarle la puerta al trabajador municipal para preguntarle de qué lado está.
Marco Bonilla ya puso la maquinaria política rumbo al 2027 en movimiento. En Delicias pidió a los panistas salir al territorio, “mover voluntades” y conquistar la esperanza de la gente.
Bonito discurso.
Pero entre las líneas apareció el verdadero tema: los que trabajan en los municipios.
El mensaje, interpretado por algunos como una llamada de atención a quienes forman parte de la nómina municipal, abre una pregunta incómoda:
¿También tendrán que ponerse la camiseta política para conservar la camiseta de trabajo?
Porque si eres empleado municipal, ¿tu obligación es cumplir con tu puesto o salir a hacer campaña?
¿Tu sueldo corresponde a tu trabajo o a tu nivel de lealtad política?
¿Y si no sales a “mover voluntades”? ¿Qué pasa con la quincena?
Nadie ha anunciado despidos por razones partidistas. Eso hay que dejarlo claro.
Pero tampoco hay que ser ingenuos.
En la política mexicana existe una vieja tentación: confundir gobierno, partido y estructura electoral hasta hacerlos parecer una sola cosa.
Y cuando se les recuerda a los trabajadores que su empleo está vinculado con un gobierno emanado del PAN, el mensaje puede convertirse en una presión política aunque nadie pronuncie la palabra “despido”.
Ahí está el verdadero peligro.
Porque el trabajador municipal puede tener credencial de cualquier partido, simpatizar con quien quiera o, simplemente, no querer meterse en política.
Y tiene derecho a eso.
El PAN puede pedirle a su militancia que trabaje por su proyecto. Perfecto.
Pero la nómina no debería convertirse en lista de asistencia partidista.
Porque si para conservar el empleo hay que demostrar lealtad política, entonces ya no estamos hablando de servidores públicos.
Estamos hablando de operadores con sueldo.
Y aquí viene la pregunta que seguramente muchos trabajadores se hacen en silencio:
¿Qué pasará con los que decidan no salir a territorio?
¿Seguirán teniendo su empleo?
¿O después de la elección comenzarán a aparecer las famosas “reestructuraciones”, “ajustes administrativos” y “cambios de personal”?
Porque en política las palabras cambian de nombre muy rápido.
Al despido le dicen “ajuste”.
A la presión le dicen “compromiso”.
Y a la movilización partidista le llaman “trabajo territorial”.
Por eso, más vale poner las cartas sobre la mesa desde ahora.
Los empleados municipales no son propiedad de ningún partido.
La nómina no es un padrón electoral.
Y una plaza pública no debería tener como condición escondida una camiseta partidista.
Así que rumbo al 2027, habrá que estar atentos.
Porque una cosa es mover voluntades…
y otra muy distinta es mover empleados con la amenaza de moverles la silla.
Y si alguien piensa que por estar en la nómina ya compró la voluntad del trabajador, quizá debería recordar algo muy sencillo:
la quincena se gana trabajando; la voluntad se gana convenciendo.







